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En el pasado mes de marzo atendimos el estreno en España de Not a Pretty Picture (1975), la película de Martha Coolidge restaurada en 2022 por el Academy Film Archive y la Film Foundation, que había pasado antes por el Festival de Berlín y que llegó a las salas gracias al esfuerzo de la distribuidora Atalante. Dos meses después hicimos lo propio con Variety (Bette Gordon, 1983), que puso Filmin a disposición en su plataforma, por primera vez en nuestro país, en la copia también restaurada, esta vez por el BFI, para celebrar el cuarenta aniversario de la cinta. Además, en estos mismos meses, el proyecto de programación Roedor, que busca rescatar películas nunca distribuidas en España, organizó para Cineteca Madrid un pequeño ciclo dedicado a las que presentaban como ‘Working Girls’: Nancy Savoca, Claudia Weill, Joyce Chopra y Joan Micklin Silver, de las que proyectaron el estreno en Europa de la restauración de Household Saints (Savoca, 1993), recuperada gracias a la iniciativa Missing Movies y el LightBox Film Center, y el estreno en España de Smooth Talk (Joyce Chopra, 1985) en su restauración a cargo de Criterion Collection (además de Girlfriends, de Weill, y A Fish in The Bathtub, de Micklin Silver).

Puede ser tomado todo esto como apenas unos gestos, pero son también valiosos y significativos síntomas de un mismo movimiento que refleja los esfuerzos de recuperación, restauración, puesta en circulación y reivindicación, a nivel internacional, y llevados a cabo por distintas instituciones, festivales, distribuidoras y salas de exhibición, de un mismo cine. Se trata, efectivamente, de revalorizar y poner de nuevo en circulación las películas de esa ‘generación interrumpida’ o ‘perdida’ (como queramos denominarla) de directoras estadounidenses que irrumpieron en el panorama cinematográfico desde principios de los setenta y abrieron brecha coincidiendo con el surgimiento del New Hollywood, pero también, y sobre todo, inmersas en la segunda ola feminista. Mujeres cineastas que debieron enfrentar fuertes resistencias, incomprensión y rechazo, que permanecieron siempre arrinconadas, fuera del circuito comercial a pesar de sus firmes intentos por formar parte de él y que, ante las grandes dificultades para mantener trayectorias a largo plazo, se vieron obligadas finalmente a abandonar o a buscar un espacio siempre menos visible en la televisión o el teatro.

Desde Caimán CdC les dedicamos nuestro número de verano que, con el reposo que esta temporada supone siempre en lo que a la presión de estrenos en salas se refiere, nos ha permitido los últimos años centrar la atención en otras cinematografías excluidas e ignoradas por la crítica y la historiografía más tradicionales como fueron la de Marguerite Duras (en 2022) o la de Rainer W. Fassbinder (el año pasado). Y lo hacemos como parte de un ejercicio necesario de revisión y reescritura de la historia del cine que, en este caso, permita considerar junto a Jim Jarmusch, George Lucas, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Hal Ashby o Robert Altman, los nombres de Barbara Loden, Lizzie Borden, Shirley Clarke, Penelope Spheeries, Barbara Kopple, Yvonne Rainer, Kathleen Collins, Karen Arthur, Donna Deitch, Elaine May, Joan Tewkesbury y tantas otras. Se trata también de poder cuestionar, por ejemplo, los filmes hasta ahora considerados como iniciadores del New Hollywood para poder incluir la significación esencial de un título como Wanda (Barbara Loden, 1970), o de reflexionar sobre el modo en el que las películas de estas cineastas hicieron visibles temáticas inéditas en el cine mainstream del momento o incluso de los mecanismos estéticos a través de los cuales se acercaron al cine de género. Pero se trata asimismo de considerar las influencias que su cine han generado en el actual y, sobre todo, del modo en el que la relevante, valiente y siempre agitadora práctica fílmica feminista de muchas de ellas dialoga de manera urgente y productiva con nuestro presente. Hemos querido incluir también un ‘diccionario de películas’ que, como selección necesariamente incompleta, sirva de punto de partida para una reflexión que no queda resuelta en este número, sobre la que seguiremos ahondando y que buscaremos hacer extensible también a otros periodos y otras cinematografías.

Jara Yáñez