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La ópera prima de esta directora que ya fue galardonada en 2019 en Cannes con el Premio Cinéfondation por su corto Mano à mano, encarna con todas sus imperfecciones lo que se espera de una primera película de Un Certain Regard: una propuesta fresca y abierta, divertida y cálida en su retrato de la juventud rural en el Jura. Rodada con intérpretes no profesionales en la región originaria de Courvoisier, la película equilibra, más allá de la docuficción, la estética naturalista de una historia estructurada en torno a la principal forma de trabajo de la zona, la fabricación de quesos comté por parte de pequeños productores, con la construcción de un relato en torno a Totone (Clément Faveau), un joven de 18 años que, tras la muerte por accidente de su padre, se enfrenta a la responsabilidad de sacar adelante a su hermana pequeña. Por lo que decide apuntarse a un concurso de producción de quesos para conseguir la suculenta cantidad de dinero que conceden como premio. La directora dibuja un universo en que apenas intervienen los adultos, atravesado por la energía, la vulnerabilidad y el sentido de la aventura de sus jóvenes protagonistas. Lejos de otros cineastas que imponen su estilo a los intérpretes no profesionales, Courvoisier deja respirar con su latido propio a unos jóvenes actores espléndidos en su papel y con una capacidad innegable para conectar con la audiencia. Aunque en algunos momentos acecha en la película el peligro de una cierta idealización o de convertirse en una excesiva promoción de la DO Comté, el encanto de la propuesta gana la partida.

Eulàlia Iglesias