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Carlos F. Heredero.

No es fácil encontrar puntos de referencia claros y líneas de evolución inequívocas en la radiografía que ofrecen los balances cinematográficos anuales. Es probable incluso que no los haya, por mucho que los críticos nos empeñemos en sacar conclusiones y en adelantar hipótesis de futuro como resumen y compendio de un año que se acaba. Con más frecuencia de lo que quizás imaginamos, la historia del cine no gira bruscamente de un año para otro ni ofrece cada trescientos sesenta y cinco días nuevas tendencias o nuevos movimientos tectónicos entre las placas de su subsuelo.

Podemos rastrear en algunas de las películas que más nos han gustado ciertos síntomas de por dónde se mueven algunas trayectorias personales, del camino que parecen recorrer en la hora presente determinadas cinematografías nacionales, de ciertos azares o coincidencias que acaso podrían llegar a dibujar una determinada encrucijada, del momento que atraviesa este o aquel modelo industrial (de hecho, todo eso es lo que tratamos de hacer aquí en los artículos que acompañan, dentro de ‘Itinerarios’, a las votaciones de los críticos), pero no siempre es posible ni razonable ir mucho más allá. Y es muy probable que tampoco lo sea en esta ocasión.

La dificultad para dibujar ese tipo de diagnóstico se acrecienta, adicionalmente, si tenemos en cuenta que una gran parte de las películas más interesantes entre las que han ofrecido los festivales internacionales a lo largo del año, o bien no se han estrenado todavía en las salas españolas, o ni siquiera cuentan con posibilidad alguna de llegar a encontrar distribución comercial en nuestro país. De ahí la necesidad de volver a recoger, como ya hicimos en años anteriores, una pequeña prospección de ese cine que, a la fecha del cierre del presente número de Cahiers-España, permanece ‘invisible’ en los cines comerciales, por más que algunos de los títulos destacados en este apartado puedan encontrar finalmente un hueco a lo largo de los próximos meses.

Pese a todo, resulta evidente que desde Estados Unidos siguen llegando obras de poderoso aliento personal (firmadas por cineastas como David Fincher, Wes Anderson, James Gray, Kathryn Bigelow, Todd Haynes, Martin Scorsese, Lee Unkrich e incluso Werner Herzog), mientras que sus homólogos europeos (Pedro Costa, Michael Haneke, Marco Bellocchio, Román Polanski, los hermanos Dardenne, Javier Rebollo…) y asiáticos (Weerasethakul, Lee Chang-dong, Hong Sang-soo…) hacen los propio, a la vez que algunos de los más veteranos entre los grandes autores ya consagrados mantienen una envidiable vitalidad creativa: Kiarostami, Godard, Miyazaki…

Sin duda, todo ello es cierto, pero sucede que ninguno de estos cineastas son precisamente noveles ni descubrimientos de este último año, de manera que también resulta legítimo preguntarnos dónde está el relevo o cómo serán los hallazgos de los nuevos cineastas. Habrá que seguir escudriñando con mucha atención todo aquello que está por venir en los próximos tiempos…