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Pietro Marcello (Martin Eden), Alice Rohrwacher (Lazzaro Feliz) y Francesco Munzi (Calabria), tres de los más prominentes cineastas italianos del presente aúnan esfuerzos para entregar un documental que se interroga sobre el futuro del país transalpino, un porvenir cuyos depositarios no son otros que las nuevas generaciones. En la estela de Crónica de un verano (Jean Rouch & Edgar Morin, 1961) o de Encuesta sobre el amor (Pier Paolo Pasolini, 1964), los realizadores recorren el país de norte a sur y de este a oeste para encuestar a jóvenes de entre 15 y 20 años sobre sus inquietudes, sus anhelos y su relación con el presente que les ha tocado vivir. 

A pesar de sus carencias, el muestreo es lo suficientemente significativo como para ser tomado en cuenta. En primer lugar, por su amplitud geográfica, pero, sobre todo, por una transversalidad de clase que pone en relación, entre otras, las opiniones de las niñas bien del Turín más cosmopolita con las de un grupo de adolescentes aspirantes a Mike Tyson que se fajan en un gimnasio de Cagliari o con las de algunas estudiantes napolitanas de formación profesional. Si bien es cierto que el entorno y las condiciones económicas convierten en previsibles algunas de las respuestas y que, en algunas ocasiones, el lugar común asoma como resultado de la repetición, lo más interesante del filme no está en las visibles diferencias entre unos y otros -los que ansían huir del país, los que desean formar una familia tradicional o los que atisban la inminencia de un terror disfrazado de falta de oportunidades- sino en aquello que se siente como compartido por toda una generación. Y esas constantes a las que remiten los chavales y chavalas de Pratolongo y de Nichelino, de Castelgiorgio o de Danisinni, pasan por el desamparo institucional y el distanciamiento social provocado por la constante culpabilización a la que se ven sometidos, un juicio incesante acrecentado por la irrupción de la Covid-19, acontecimiento que altera el planteamiento inicial del filme y que todavía incrementa esos sentimientos de aislamiento que experimenta esta giovinezza.

Sin renunciar a cierto lirismo y a un iluminador uso del archivo (atención a las citas de películas de Mario Soldati, Gianfranco Mingozzi o Luigi Comencini), Futura ofrece una mirada caleidoscópica que muestra las virtudes y las carencias (el desconocimiento de los incidentes durante la cumbre del G8 en Génova por parte de los estudiantes que ocupan el instituto que fue uno de los focos de las protestas) de unos jóvenes que se mueven entre el desencanto y la ansiedad, náufragos en una sociedad en la que el bienestar colectivo ha perdido la batalla contra el éxito individual y en la que encuentran serias dificultades para navegar, principalmente porque hay pocos adultos dispuestos a lanzarles un salvavidas; esto es, a tenerlos en cuenta.