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L’Envol (Pietro Marcello). Cannes 2022 – Quincena de los Realizadores (Inauguración)

L’Envol arranca con una cita de Velas rojas, un cuento ruso de Aleksandr Grin sobre el que la película de Pietro Marcello se inspira libremente, y a través de la cual hace alusión a la posibilidad de hacer milagros con las manos. Las manos serán, efectivamente, uno de los elementos esenciales de esta fábula (quizá excesivamente naif) a través de la cual el cineasta italiano juega con distintos registros y diferentes materiales. Se combinan aquí imágenes de found footage, secuencias de calidad casi documental, otras de tono naturalista e incluso algunas que se aproximan a lo poético y que conectan este film con el tan sugerente espíritu de Bella y perdida (2015). En L’Envol los planos de los rostros son también materia esencial y a través de ellos se produce un choque más, esta vez el que relaciona los rasgos y la piel de algunos actores ‘naturales’ con la de otros que, provenientes del terreno profesional (Noémie Lvovsky, Louis Garrel o Juliette Jouan), introducen una variedad de registros interpretativos que colaboran en la riqueza formal de la propuesta.

Pero las manos son importantes en L’Envol porque con ellas se establece una sutil reivindicación del trabajo artesanal (también del cinematográfico, a través de la propia materialidad del film) y con ello, de la clase social que solo con la fuerza de sus manos es capaz de salir adelante. Y sin embargo, más allá de eso, las manos son, sobre todo, el hilo conductor para la historia de Raphaël, que vuelve a casa como superviviente de la Primera Guerra Mundial para descubrir que su mujer ha muerto y que en su ausencia Adeline cuida de la hija que ambos tuvieron y a la que no conocía. Para Raphaël, que es carpintero, las manos no son solo su medio de vida sino el mecanismo a través del cual conectar con su propia capacidad artística (en la manera en la que trabaja con la madera, pero también cuando toca el acordeón). Pero las manos son también el elemento de conexión con su hija Juliette. Los planos detalle en los que vemos juntas las manos de ambos pautan el avance de la trama y con ello también el paso de los años, el crecimiento de Juliette y la idea del trasvase generacional: el padre transmite a la hija su capacidad de amar, pero también de crear (ella con el piano). Las manos de Raphaël, por último, serán las que le ayuden a superar el dolor por la pérdida de su mujer cuando pueda por fin despedirse de ella a través de la caricia a la pieza de madera que fabrica con su imagen.

Es entonces, quizá en el elemento más puramente de fábula, en esos planos algo ensimismados del personaje de Juliette, en el abuso de las puestas de sol, en el tono algo excesivo con el que retrata a la ‘bruja’, en el personaje del príncipe azul (interpretado por un Louis Garrel que no termina de conectar) o incluso, en el modo en el que se revisita el cuento de Caperucita roja (y donde se juega esa posible subversión en torno al lugar de la mujer en los cuentos tradicionales), donde L’Envol pierde, precisamente, su vuelo…

Jara Yáñez

Pietro Marcello posee una peculiar poética que puede llegar a deslumbrar por su mordacidad –Martin Eden– o situarse en un terreno resbaladizo en el que la ternura lleve hacia el territorio de la fábula y esta no acabe de despegar su vuelo. L’Envol es una película que, tal como apunta su título francés, despega en muchos momentos y en otros le cuesta aterrizar. Su origen es un cuento ruso titulado Velas rojas escrito por Aleksandr Grin. Hay en la primera parte de la primera película francesa de Marcello una interesante evocación del dolor y la perplejidad que implicó el retorno a la vida después de la Primera Guerra Mundial. Unas imágenes documentales coloreadas nos muestran a los soldados abandonando las trincheras rumba a casa. Raphaël -un hombre rudo con unas manos capaces de convertirlo en un artesano- llega a casa, descubre que ha muerto su mujer y que debe cuidar a una hija cuya paternidad es oscura. La historia de amor entre el padre y su hija marca una primera parte con momentos brillantes que avanza hacia la tragedia. En la segunda parte, la hija se ha hecho mayor y tiene sus sueños, entre ellos, la llegada de alguien desde el aire que la rescate del universo de dolor en el que ha crecido. Es en esta segunda parte donde Marcello se sitúa entre el mundo del sueño -que se hace realidad-, el universo de las brujas y una cierta poética del encantamiento. El príncipe azul llega desde el aire con el rostro de Louis Garrel y, a pesar de hacerse realidad el hechizo, algo se rompe.

Marcello es suficientemente hábil para no caer en la cursilería, sabe encontrar sus momentos poéticos, da la vuelta de forma inteligente a la frustración del padre considerado como un proscrito por la sociedad que le envuelve y la película provoca un cierto buen sabor de boca. Más cerca de Bella y perdida que de Martin Eden, L’Envol habla de las golondrinas que pueden escaparse y volar hacia otros destinos. L’Envol reivindica la vida simple frente a la vida urbana -los grandes almacenes parisinos retratados por Émile Zola en El paraíso de las damas a finales del XIX-, frente a ese universo rural en el que un hombre marcado por el dolor puede sobrevivir esculpiendo madera y dando forma al fantasma del amor perdido.

Àngel Quintana

 

Futura(Pietro Marcello, Alice Rohrwacher y Francesco Munzi ). SEFF 2021 – Nuevas Olas No Ficción

Pietro Marcello (Martin Eden), Alice Rohrwacher (Lazzaro Feliz) y Francesco Munzi (Calabria), tres de los más prominentes cineastas italianos del presente aúnan esfuerzos para entregar un documental que se interroga sobre el futuro del país transalpino, un porvenir cuyos depositarios no son otros que las nuevas generaciones. En la estela de Crónica de un verano (Jean Rouch & Edgar Morin, 1961) o de Encuesta sobre el amor (Pier Paolo Pasolini, 1964), los realizadores recorren el país de norte a sur y de este a oeste para encuestar a jóvenes de entre 15 y 20 años sobre sus inquietudes, sus anhelos y su relación con el presente que les ha tocado vivir. 

A pesar de sus carencias, el muestreo es lo suficientemente significativo como para ser tomado en cuenta. En primer lugar, por su amplitud geográfica, pero, sobre todo, por una transversalidad de clase que pone en relación, entre otras, las opiniones de las niñas bien del Turín más cosmopolita con las de un grupo de adolescentes aspirantes a Mike Tyson que se fajan en un gimnasio de Cagliari o con las de algunas estudiantes napolitanas de formación profesional. Si bien es cierto que el entorno y las condiciones económicas convierten en previsibles algunas de las respuestas y que, en algunas ocasiones, el lugar común asoma como resultado de la repetición, lo más interesante del filme no está en las visibles diferencias entre unos y otros -los que ansían huir del país, los que desean formar una familia tradicional o los que atisban la inminencia de un terror disfrazado de falta de oportunidades- sino en aquello que se siente como compartido por toda una generación. Y esas constantes a las que remiten los chavales y chavalas de Pratolongo y de Nichelino, de Castelgiorgio o de Danisinni, pasan por el desamparo institucional y el distanciamiento social provocado por la constante culpabilización a la que se ven sometidos, un juicio incesante acrecentado por la irrupción de la Covid-19, acontecimiento que altera el planteamiento inicial del filme y que todavía incrementa esos sentimientos de aislamiento que experimenta esta giovinezza.

Sin renunciar a cierto lirismo y a un iluminador uso del archivo (atención a las citas de películas de Mario Soldati, Gianfranco Mingozzi o Luigi Comencini), Futura ofrece una mirada caleidoscópica que muestra las virtudes y las carencias (el desconocimiento de los incidentes durante la cumbre del G8 en Génova por parte de los estudiantes que ocupan el instituto que fue uno de los focos de las protestas) de unos jóvenes que se mueven entre el desencanto y la ansiedad, náufragos en una sociedad en la que el bienestar colectivo ha perdido la batalla contra el éxito individual y en la que encuentran serias dificultades para navegar, principalmente porque hay pocos adultos dispuestos a lanzarles un salvavidas; esto es, a tenerlos en cuenta.

Futura (Pietro Marcello, Francesco Munzi y Alice Rohrwacher). CANNES 2021- Quincena de los realizadores

En 1964, Pier Paolo Pasolini filma Encuesta sobre el amor, una película sobre la sexualidad en la que investigaba cual era la concepción del amor en la sociedad patriarcal italiana y de que modo se abría una brecha social. En el invierno de 2020, tres de los más reputados directores italianos de la actualidad se unen para realizar una película colectiva, planteada como una encuesta en el sentido pasoliniano del término sobre el futuro de la juventud actual. El marco es todo el territorio italiano y el corpus de la encuesta jóvenes adolescentes de diversas clases sociales. La película intenta preguntar a los jóvenes qué esperan del futuro y surgen múltiples respuestas: desde los jóvenes que ansían formar una familia, hasta los que se consideran como unos marginados a los que se les ha prohibido el acceso al mundo laboral.

A partir del mes de marzo de 2020, la encuesta empezó a cambiar cuando la llegada del coronavirus encerró a la juventud, la culpabilizó y frustró un momento clave de su desarrollo emocional, intelectual y vital. La película continúa preguntando a los jóvenes sobre su futuro y las respuestas comienzan a variar. No solo no ven un futuro próspero, sino que algunos se muestran cansados de que se les culpabilice de algunos de los males de la difusión de la pandemia. No obstante, la película se queda a medio camino. El formato de encuesta hace que las respuestas sean reiterativas o previsibles, ya que muchas veces están condicionadas por el entorno social. A lo largo de la película se constata que hay inquietud por el futuro, pero no se analizan a fondo las causas y tan solo se apuntan los problemas de angustia y de desequilibrio mental que han vivido unos jóvenes estigmatizados por los adultos. Al final, provoca una sensación de cierta decepción por todo lo que pudo ser y no fue.

Àngel Quintana

 

Por si no fueran bastantes todas las desigualdades generadas por el capitalismo depredador en la época de la globalización, la pandemia de la COVID-19 ha venido a oscurecer más todavía las perspectivas de futuro de la juventud de todos los países, a la que el sistema amenaza con ser la primera generación que parece condenada a vivir peor que la de sus padres y sus abuelos. Esa conciencia y esa angustia existe, al menos, en todas las naciones del mundo desarrollado y, por supuesto, también en Italia, lo que ha llevado a Pietro Marcello, Francesco Munzi y Alice Rohrwacher a filmar, conjuntamente, un modesto pero valioso documental en el que sus cámaras enfrentan a los jóvenes de su país con una pregunta tan amplia como inquietante: ¿Qué es el futuro para vosotros? Por la pantalla desfila un amplio y poliédrico calidoscopio de jóvenes de todas las clases sociales, de todas las regiones y todos los ámbitos culturales del país, y el  montaje del material registrado acierta a proponer un crisol de respuestas plurales que los cineastas aceptan como tales sin proponer ningún tipo de discurso por encima. No hay mayores pretensiones en el film: los cineastas explican expresamente su objetivo en la introducción y los chavales se explican frontalmente a cámara hasta componer un abanico que habla de confusión, de dudas, de miedos, de horizontes oscuros, de sueños adolescentes y contradicciones sin límite, pero también de esperanza, de conciencia, de compromiso, de igualdad y de luchas por un mundo mejor. No es una gran película, pero su modestia, su frontal sencillez y su honestidad, la convierten en una película necesaria.

Carlos F. Heredero