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Carlos F. Heredero.

Ha sido una constante en el devenir de Cahiers du cinéma. España y de Caimán Cuadernos de Cine: la preocupación por dar cuenta en nuestras páginas de todas las manifestaciones del audiovisual contemporáneo más allá del paisaje que ofrecen las carteleras comerciales de las salas tradicionales. Por eso, en el ya lejano verano de 2008 hablábamos del ‘cine invisible’, ese que nunca llega –o llega mal y tarde– a las salas de estreno; ese cine que los espectadores interesados tienen que perseguir sin descanso por todo tipo de espacios y de canales.

Nos preguntábamos entonces, incluso, si realmente existe el ‘cine invisible’. Roberto Cueto nos lo advertía: “Como hemos hecho siempre”, decía, “seguiremos viendo películas en salas y también de otras muchas maneras”. Y efectivamente, en eso estamos hoy en día: viendo ahora probablemente muchas más películas de las que hemos visto nunca, solo que ya no solo en las salas de toda la vida, sino también en múltiples circuitos culturales, en salas con nuevos modelos de programación, en espacios museísticos y, por supuesto, en Internet.

De hecho, la gran red virtual se ha convertido en una especie de gigantesca ‘Cinemateca de Alejandría’, depositaria de un patrimonio cinematográfico prácticamente inabarcable, dentro del cual anida –a veces en los más recónditos lugares– una multitud de películas que no llegan a las salas y que solo es posible ver en las pantallas de nuestros televisores, de nuestros ordenadores e incluso de nuestros teléfonos móviles. Y de ese cine, de ese nuevo ‘cine invisible que ya es plenamente visible’, hablamos este mes en nuestro Gran Angular, dedicado a las películas que vemos en streaming mediante fórmulas de VOD (Video on Demand, o cine a la carta) y que en realidad pueden encontrarse, no sin dificultad, en multitudinarios catálogos de unas y otras plataformas online. Porque de esto último se trata, precisamente, de poder ‘encontrar’ esas películas: aquellas que realmente merecen la pena, aquellas que sean verdaderamente merecedoras de nuestra atención y de nuestro disfrute.

Recordemos de nuevo lo que Roberto Cueto nos decía hace ya ocho veranos: “Antes que entonar lamentos fúnebres, mejor sería considerar a las películas como imparables fuerzas de la naturaleza que siempre encuentran su camino para hacerse visibles”. Y ahora muchas de ellas se hacen visibles, efectivamente, a través de múltiples plataformas de visionado online, de tal modo que vivimos, de hecho, en medio de un amplio, heterogéneo y cambiante ecosistema poliédrico en el que la creación cinematográfica circula por los más variados itinerarios físicos y virtuales.

Faltan todavía, es cierto, canales de comunicación fluidos y operativos entre dichas plataformas y los medios de comunicación (como deja en evidencia el informe de Carlos Reviriego que abre nuestro dosier), modelos de programación más ágiles y versátiles, políticas más transparentes y una regulación más inteligente por parte de los organismos estatales que deben velar por la defensa de la pluralidad; es decir, un conjunto de batallas irrenunciables que tenemos por delante en un futuro inmediato y que no podemos dejar de librar.

Mientras tanto, en Caimán CdC queremos ir dando pasos para empezar a normalizar en nuestras páginas lo que ya es habitual en la distribución, en la programación y en el consumo de películas en todo el mundo. De ahí que, a partir de este mismo número, nuestro Cuaderno Crítico abandone el diseño de espacios acotados para cada modelo de exhibición y coloque ya simplemente por orden alfabético –y en pie de igualdad con el resto de los estrenos que llegan a las salas– a los títulos que se ofrecen online y que solo es posible ver de esta manera. Es solo un tímido comienzo, un primer paso en un camino por el que será necesario seguir avanzando en los próximos tiempos.