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1976 tiene la apariencia de un thriller político, pero parte de lo íntimo para narrar el progresivo proceso de toma de conciencia de una mujer de la alta burguesía en el Chile de Pinochet (exactamente en el año 1976 del título). El debut en el largo de Martelli revela así lo político, a través de lo personal, como una red de conexiones indisolubles. Una manera de entender el cine que la conecta, precisamente, con toda una nueva generación de cineastas chilenas que, como Dominga Sotomayor (productora precisamente de este film), busca ir más allá de lo puramente político para dar cuenta de todo lo que aún queda por contar. 1976 busca poner en imágenes lo que hasta ahora no hemos visto: el lugar de las mujeres (dedicadas a las ‘tareas del hogar’ la mayor parte de ellas) en todo aquel periodo histórico esencial para el país. La cineasta parte, de hecho, de su propia abuela, a la que no conoció pero sobre la que intuye una inquietud vital que se transfiere en el film al personaje protagonista de Carmen (Aline Küppenheim), un ama de casa encerrada en un universo del que no se siente parte. Casi a modo de declaración de intenciones, una secuencia del inicio del film muestra a Carmen con su nieta a la que no le gusta el vestido que le han puesto. Cuando Carmen le dice que parece una princesa, la nieta responde que preferiría parecer un animal salvaje.

La película de Martelli va descubriendo el pasado de esta mujer a través de detalles del día a día. Una conversación nos descubre, por ejemplo, que había deseado ser médica pero tuvo que casarse. Y una gota de pintura rosa sobre su zapato, como arranque del film, nos avanza en tono simbólico el inicio de todo ese proceso de reflexión y revolución vital silenciosa de esta mujer que, mientras su marido y sus amigos reivindican la dictadura en un paseo en barco, no puede evitar vomitar por la borda. En paralelo y en secreto, Carmen cuida las heridas de Elías, miembro de la lucha clandestina contra Pinochet, con el que le ha puesto en contacto el padre Sánchez, un cura de la zona. Los cuidados serán, precisamente, la vía de entrada de Carmen hacia una nueva manera de entender el mundo y su posición en él. Una transición que supone la fragmentación de su mundo y el inicio de una nueva mirada que Martelli hace acompañar por una banda sonora que toma un peso específico para relacionar, de alguna manera, toda esta época de la Historia de Chile con el horror y el miedo. 1976 es una película sólida.

Jara Yáñez

Estamos en 1976 en Chile. Una mujer de la burguesía viaja hasta un lugar de la costa para supervisar la construcción de su casa de la playa. Un cura le pide que aloje a un joven que está herido y que se encuentra escondido en secreto. Carmen, la mujer burguesa, intentará cuidar al joven y esconderlo, al margen de su familia, buscar el modo de curarle la herida de bala que afecta a su pierna. Todo se desarrolla en la estricta clandestinidad, tanto a nivel familiar como a nivel político, pero las redes de la dictadura se expanden, sus ojos vigilan en la obscuridad y como dijo Jean Renoir hace unos cuantos años, la moral de la burguesía pasa siempre por privilegiar las reglas del juego. Manuela Martelli rueda una película misteriosa, en la que se muestra una imagen externa del entorno de una mujer casada con un médico que parecen vivir al margen de la política y otro universo clandestino en el que surgen las heridas de la dictadura chilena, los miedos de ciertas clases y los silencios cómplices de otras. Llevada con buen pulso narrativo, la película habla de quienes, cuando no pueden practican la política del avestruz, hacen lo que sea para disimular su cobardía.

Àngel Quintana