Carlos F. Heredero
Agnieszka Holland plantea su ampuloso y grandilocuente biopic de Franz Kafka con infinitas ínfulas narrativas y escenográficas: el relato va y viene en el tiempo hasta llegar, incluso, a la época contemporánea para introducir ácidos comentarios en torno a la mirada turística sobre el escritor y sobre su memoria cultural; personajes que participan de la ficción se vuelven hacia la cámara para hablarnos a los espectadores sobre el protagonista; la cámara gira y gira sin cesar en torno al autor de El proceso y de cuantos le rodean, como si se tratara de un carrusel exhibicionista; los momentos dramáticos con cierto anclaje historiográfico alternan con horripilantes ‘escenificaciones’ oníricas de algunos de sus textos… Todo pretende ser bigger tan life dentro de una película que se quiere a sí misma importante y ambiciosa, llena de guiños autoconscientes y plagada de referencias historicistas a modo de reader’s digest para espectadores no demasiado versados en la biografía del escritor checo. Y el resultado es un monumental fracaso fílmico, una pretenciosa muestra de hiperbólico culturalismo donde reina el exceso, el tour de force continuo, el griterío formalista y la vacuidad generalizada. Mucho ruido y pocas nueces.











