Àngel Quintana

Sucederá esta noche, de Nanni Moretti, podría ser definida como una película sobre el aplazamiento del amor. Matteo —Louis Garrel— y Greta —Jasmine Trinca— se encuentran, se separan y vuelven a encontrarse a lo largo de diecisiete años. Entre ellos no existe tanto una historia de amor interrumpida como una historia que permanece en estado de espera. Lo que los une no desaparece cuando las circunstancias vitales los separan, sino que queda suspendido. Moretti parte de los mecanismos reconocibles de la comedia romántica —el encuentro casual, la separación, el reencuentro, la coincidencia, la sensación de que dos personas están destinadas a encontrarse—, pero introduce en ellos una narrativa dispersa, construida sobre la dimensión temporal, que transforma por completo el género. La película adapta Legami, del escritor israelí Eshkol Nevo, autor también de la novela Tre piani, que Moretti llevó al cine en 2021. En ambos casos, el escritor proporciona al cineasta una estructura narrativa coral y fragmentaria, aunque aquí Moretti la utiliza para explorar las posibilidades del amor a través del tiempo.

En una comedia romántica convencional, los obstáculos deben ser superados para que los amantes puedan finalmente estar juntos. En Sucederá esta noche, el tiempo no es un obstáculo, sino la materia que determina los vaivenes del amor. Entre un encuentro y otro, Matteo y Greta viven: aman a otras personas, forman familias, envejecen y toman decisiones que cierran determinadas puertas. El pasado no desaparece; persiste como una posibilidad latente. El amor aplazado acaba siendo una posibilidad que no ha llegado a realizarse, pero que nunca ha dejado de existir en el territorio de la imaginación. La película convierte la pregunta “¿qué habría ocurrido si?” en una forma narrativa. Matteo y Greta no solo se encuentran entre ellos; se encuentran también con las versiones alternativas de sí mismos, porque descubren que aquella persona que podríamos haber sido continúa viviendo, de algún modo, en nuestra imaginación. Moretti juega con la fantasía romántica de que los encuentros significativos obedecen a una lógica secreta, pero deja abierta la duda: ¿es el destino el que conduce a Matteo y Greta uno hacia el otro o son ellos quienes, retrospectivamente, convierten una serie de casualidades en destino? La diferencia es fundamental. El destino pertenece al mundo de la ficción; en cambio el azar pertenece a la vida. Moretti los mantiene deliberadamente confundidos, apartándose de la lógica de causa y efecto propia de la comedia romántica y del melodrama.

La música participa de esta misma lógica. She’s a Rainbow, de los Rolling Stones, transforma el tiempo narrativo en tiempo emocional. Algo parecido ocurre cuando Matteo acompaña a su padre —un viejo verde que nunca ha conocido el amor verdadero— a un concierto de Bruce Springsteen en Donosti. La música introduce entonces una suspensión del tiempo cotidiano. Durante unos minutos, los personajes dejan de pertenecer a la cronología de sus vidas y entran en un presente absoluto, en un espacio donde el deseo puede expresarse sin explicaciones, como una emoción pasajera.

La película acaba poseyendo una dimensión melancólica incluso cuando parece luminosa y lleva a cabo un giro respecto al pesimismo con el que Moretti ha mostrado habitualmente las relaciones amorosas. En sus películas anteriores había observado repetidamente cómo la vida destruye nuestras expectativas. Aquí observa qué ocurre cuando una expectativa sobrevive a la vida. El cineasta se muestra ahora más optimista, pero no deja de afirmar que la vida no está formada únicamente por aquello que hemos vivido, sino también por aquello que hemos imaginado, esperado, aplazado o dejado escapar.

Sucederá esta noche acaba convirtiéndose, en el fondo, en una película sobre la distancia entre quienes fuimos y quienes querríamos ser. Sobre esas vidas alternativas que aparecen fugazmente cada vez que nos preguntamos qué habría sucedido si hubiéramos elegido de otra manera. El amor no consiste únicamente en encontrar a la persona adecuada en el momento adecuado, sino también en mantener abierta una posibilidad cuando el tiempo parece haberla cerrado. Y en esa espera, entre el recuerdo de lo que no ocurrió y la esperanza de que todavía pueda ocurrir, se encuentra toda la extraña belleza de Sucederá esta noche.