Posts Tagged ‘Nanni Moretti’

Tres pisos (Nanni Moretti). SEFF 2021 – Sección Oficial (A Concurso)

Con la excusa de adaptar una trilogía novelística de Eshkol Nevo y contar la historia de un inmueble vecinal a lo largo de 30 años, hasta llegar a la actualidad, Nanni Moretti consigue una de las películas más inteligentes y emotivas, en todos los sentidos, no solo de su filmografía, sino también de la totalidad de la producción estrenada por ahora tras las restricciones pandémicas. En apariencia se trata de un melodrama coral que nunca reniega de serlo: hijos descarriados y padres intolerantes, accidentes y muertes, amor y sexo, hermanos enfrentados y niños que temen por sus progenitores… En realidad, sin embargo, este armazón genérico se volatiliza en incontables vías narrativas, multiplica microrrelatos que luego interaccionan entre sí, se entrega a un elogio de la ficción que el cineasta se encarga de canalizar con mano maestra. Y, en fin, ofrece imágenes de prístina desnudez, que se dirían convencionales y académicas si no fuera porque su elaborada transparencia siempre oculta algo, capa tras capa. Puede que el tema principal sea la paternidad, las relaciones entre padres e hijos o madres e hijas o viceversa, y cómo evolucionan a lo largo del tiempo, pero hay una cuestión más abstracta que subyace a todas las tramas y que las convierte en una sola: la imposibilidad de que el cine penetre o legitime algo parecido a una sola “verdad”, la duda sobre su estatuto.

El propio Moretti, en un papel secundario, interpreta a un juez de rígida rectitud moral, lo cual lo lleva a enemistarse de por vida con su hijo, a su vez implicado en un accidente que de algún modo provoca y que cuesta la vida a una mujer. Alrededor de estas figuras giran varias más, desde otro padre obsesionado con que un vecino de avanzada edad ha abusado de su hija pequeña hasta otra hija que provoca una situación parecida, pasando por un marido enemistado con su hermano, al que reprocha un comportamiento inadecuado que él reproduce sin apercibirse de ello. La obsesión por defender una verdad ilusoria lleva a casi todos a olvidarse de las virtudes terapéuticas del perdón y la reconciliación, que en ocasiones irrumpen como un vendaval y delinean escenas inolvidables, filmadas con desconcertante intensidad. Y esta disertación acerca de la intolerancia y sus innumerables declinaciones, siempre liviana y jamás retórica, conduce a una puesta en crisis de la realidad filmada en la que toda frontera se difumina, en parte gracias a la sutilísima estrategia morettiana: la creación progresiva de un universo autónomo que a la vez es y no es real, que puede resultar inverosímil y sin embargo ostenta una poderosa credibilidad, que simula ceñirse a esos “tre piani” del título cuando en realidad está hablando del mundo y sus evoluciones, como demuestra la comparecencia del nuevo fascismo hacia el final, sin duda, para Moretti, producto de ese dudoso moralismo en la que se dejan atrapar, aunque sea provisionalmente, muchas de sus criaturas. Pues, en el fondo, el personaje clave del film es esa mujer siempre a solas con su hija, y con supuestos problemas mentales, que se alza como protagonista de la escena más desconcertante, también más hermosa, que no desvelaré aquí pero que dinamita cualquier posible realismo para desvelar la cualidad de ambigua ensoñación, quizá solo inventada o imaginada, de todo el film y de cualquier imagen cinematográfica. Miren ustedes por dónde, uno de los pioneros de la autoficción fílmica, el responsable de Caro diario o Aprile, se revela, en el momento culminante de su carrera, como el fabulador exuberante que en realidad siempre fue.

Tre piani (Nanni Moretti). Cannes 2021 – Sección Oficial (A concurso)

Adaptación de la novela homónima del escritor israelí Eshkol Nevo, cuyo original transcurre en un edificio de Tel Aviv, el retorno de Nanni Moretti al territorio melodramático de las relaciones materno y paterno-filiales (en la memoria sigue palpitando aquella hermosa obra maestra que fue La habitación del hijo, Palma de Oro hace ya veinte años) trata de articular un crisol poliédrico de relaciones entre vástagos y progenitores en tres familias distintas que viven en otros tantos pisos de un mismo inmueble de Roma. El trenzado narrativo muestra enseguida la voluntad de construir un puzzle con múltiples piezas que se hacen eco entre sí, pero la arquitectura del relato deja al descubierto el andamio sobre el que se sustenta, porque el guion está lleno de giros dramáticos y se prolonga, en tres épocas distintas, estirando y retorciendo todavía más el artificio. La película se salva por la magnífica composición de todas las actrices (con la siempre emocionante Margherita Buy al frente), por el valiente calidoscopio de retratos femeninos que toma el protagonismo de la ficción y por algunos momentos intermitentes en los que la radiografía de las relaciones entre padres e hijos llega a vibrar con genuina emoción, pero el conjunto se muestra casi desmayado en el pulso de la puesta en escena, tiene algo de ortopédico en su articulación y queda lejos de los mejores logros de su autor.

Carlos F. Heredero

Quizás algún espectador se pregunte, ante Tre piani, donde está ese cineasta que empezó declarando que era un autárquico. No hay relato político, ni existen rupturas de tono, ni ningún elemento que remita a ese humor lúcido del mejor cine de Moretti. Estamos ante otro registro, quizás apuntado hace veinte años ligeramente en La habitación del hijo. Lo que le interesa es explorar las reglas del melodrama y el deseo de lo novelesco. Por primera vez, Moretti parte de material ajeno, la novela de Eshkol Nevo, Tres pisos, cuya acción transcurre en Tel Aviv. Al cineasta no le interesa ser un autárquico, sino ponerse únicamente en la piel de un cineasta clásico de trazo firme que explora, hasta el límite, las leyes del melodrama en una historia colectiva que se desarrolla en tres tiempos y que, como en todo melodrama clásico, habla de las huellas y heridas que genera el paso del tiempo. Moretti parte in media res para poner todas las piezas sobra la mesa en la primera escena. Un coche atropella a una mujer y acaba chocando contra un inmueble. El chico que lo conducía ebrio es hijo de un juez y la testigo era una mujer que iba de parto. A partir de este momento todo arranca y Moretti va apuntalando otras historias como la de un padre que sufre porque su niña no haya sido víctima de los abusos de un viejo al que ha confiado, pero que no duda en tener relaciones con una menor, sin plantearse sus propios límites. El cineasta no pierde el pulso del melodrama, del encadenamiento de las historias para acabar hablando de la paternidad tóxica, de la paternidad ausente y de la paternidad destructora.

A lo largo de la película se tejen diversas relaciones imposibles entre padres e hijos, entre mujeres que se siente impotentes frente a unas relaciones imposibles y que se vieron obligadas a escoger sabiendo que toda decisión estaría sumida al fracaso. Es cierto que Tre Piani desconcierta, que quizás cuesta reconocer ciertos trazos de Moretti y su fidelidad a un género que debe modularse para no caer en la tragedia y mantener hasta el final el tono agridulce que permite la superación del relato. En los momentos finales, una banda interpreta un tango mientras diversas parejas bailan, es el único momento de la película en que Moretti busca una imagen simbólica que le aleje del tejido de causas y efectos con el que ha construido su película. La conclusión puede parecer evidente: la vida es un tango. El problema no es admitirlo sino aprender a bailarlo.