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El último disco de Rosalía se titula Motomami y en su portada vemos a Rosalía desnuda con un casco de motorista que cubre parte de su melena. A pesar de ser una coincidencia, podríamos considerar que Rodeo, la primera película de Lola Quivoron, no es más que una versión francesa de una ‘motomami’ que busca su lugar en un mundo masculino en el que la virilidad se descarga en la moto casi como una prolongación fálica. En este mundo va a entrar Julia, una chica desclasada, que quiere experimentar las emociones de las motos de 450 cilindradas, atravesar caminos de asfalto, hacer acrobacias y mostrar que su poder animal también puede manifestarse. Así, Julia se une a un grupo de motoristas que practican en carreteras secundarias sin ningún casco de seguridad y que trafican con las motos, llevan a cabo robos y convierten el garaje en su último refugio. Sin ser una gran película, en Rodeo sorprende cómo estalla su energía, cómo su directora Lola Quivoron parte de la adicción a las motos, cómo juega con las subculturas humanas, pero sobre todo, cómo lleva a cabo el dibujo de una mujer adicta a las cilindradas. Hay un buen pulso narrativo, algunas escenas fuertes rodadas con vigor y el retrato de un mundo marginal en el que reina una ‘motomami’.

Àngel Quintana