Print Friendly, PDF & Email

¿Puede el desarrollo urbano incontenible de las ciudades llegar a colonizar por completo la naturaleza? Here contradice enérgicamente la respuesta afirmativa a esta hipótesis. Bas Devos demuestra que más allá del hormigón y el ladrillo de los edificios y del asfalto de las calles, hay una ciudad verde que lejos de retroceder parece luchar por recuperar el terreno robado por la ‘civilizada’ mano humana. El cuarto largometraje del cineasta (Premio FIPRESCI en la última edición de la Berlinale) arranca con una larga secuencia que muestra edificios en construcción en medio de la ciudad. Durante el primer tramo de la película el verde se va infiltrando en las imágenes y poco a poco va arrebatando espacio a los bloques (como el musgo que crece entre las baldosas de las aceras, apenas perceptible), hasta que una hermosa transición a mitad de metraje nos sumerge por completo en la naturaleza, y cambia el árido escenario por el frescor de la hierba y las ramas de árboles impregnadas de gotas de rocío. Entre estos dos hábitats se pasea Stefan, que recorre los barrios de Bruselas con un táper de sopa debajo del brazo, que él mismo ha cocinado aprovechando los restos de su nevera, visitando a amigos y familiares antes de dejar la ciudad. Hasta que tiene lugar su encuentro fortuito con Shuxiu en el restaurante chino que regenta su tía, momento que abrirá una nueva línea argumental en el film. Devos nos regala una película extraordinariamente fértil que va plantando semillas que germinan en brotes con numerosas ramificaciones. Por momentos un drama sobre inmigración, pero también una historia sentimental sobre los inicios de un romance entre dos inmigrantes y hasta, en cierta manera, un documental sobre naturaleza, Here invita a salir a pasear lentamente por el bosque a escuchar el silencio y pensar en nuestra fragilidad.

Elsa Tébar