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Siempre había tenido Historia de un vecindario por un Ozu menor. Dos razones habían consolidado esta sensación: su corta duración (72 minutos) y el hecho de ser la primera película de Ozu de posguerra, “culminada en 1947”, como reza una suerte de subtítulo, rodada tras un impasse de cinco años, después de uno de sus grandes títulos, Érase una vez un padre, y justo antes de otros de sus títulos ‘menores’, Una gallina en el viento (después ya vendría Primavera tardía y Ozu entraría en una etapa en la que las obras maestras se sucedieron hasta su temprana muerte en 1963). Pues bien, después de ver la nueva restauración solo cabe reafirmarse en que Historia de un vecindario puede ser un Ozu menor, lo que no quita para que sea una pequeña, pero indiscutible obra maestra, con todas las virtudes del cineasta japonés concentradas en poco más de una hora de proyección.

Aquí tenemos todos esos elementos que se han convertido en característicos de su obra: un niño más testarudo que rebelde, los típicos pillow-shots de transición, una melancólica excursión hasta la playa con dos personajes, uno tras otro, de perfil, mirando hacia el horizonte; también a Chishu Ryu, aunque esta vez encarnando a un personaje más acorde con su edad que nos depara uno de los grandes momentos de la filmografía de Ozu cuando comienza a cantar una canción y sus vecinos de la barriada lo acompañan marcando el ritmo golpeando sobre vasos y cuencos. Y mucho más, empezando por ese retrato de un Tokio que había sido arrasado por los bombardeos y que está sumido en escombros. En Historia de un vecindario el verdadero protagonismo recae en las ruinas que ha dejado la guerra, que no son solo las de las casas, sino también las viudas como Tane o los huérfanos, a los que Ozu dedica los últimos planos de su película, por más que toda su trama gire en torno a un falso huérfano o un niño aparentemente abandonado. Esta es una película en la que los niños buscan una figura paterna y los mayores ansían ese hijo que la guerra les imposibilitó tener. Es Ozu y los personajes de Historia de un vecindario intentan sobreponerse a sus desdichas y mirar al futuro, no obstante no pueden disimular que son los supervivientes de una catástrofe gigantesca.

Historia de un vecindario fue uno de los dos Ozu cuya restauración se presentó este año en Cannes Classics. El otro fue Las hermanas Munekata y las dos películas tendrán distribución en España. Vivimos tiempos insólitos. Jaime Pena