Felipe Rodríguez Torres

La precariedad  y los desequilibrios entre clases sociales continúa siendo uno de los temas principales de la sección Punto de Encuentro, como se puede observar en obras como Kika (Alexe Poukine), Barrio triste (Stillz), The Luminous Life (João Rosas) o Rebuilding (Max Walker-Silverman). Pero el alemán Julian Radlmaier, en Phantoms of July, lo afronta desde una mirada absolutamente perpendicular a todas ellas, tanto en la forma como en el tono. En primer lugar, a partir de un relato estructurado en un mismo espacio, pero recurriendo a diferentes tiempos, protagonistas y perspectivas. Y en cuestión de estilo, hibridando la comedia del absurdo, lo surreal y sobrenatural, cercano al realismo mágico, a partir de las historias interconectadas de un conjunto de personas que se encuentran en los estratos más necesitados de la escala social.

Comenzando en el pasado, emulando las formas simétricas y rígidas de Barry Lyndon (1975), de Stanley Kubrick, pero pasándolas por la coctelera posmodernista, entre La favorita (2018), de Yorgos Lanthimos, y María Antonieta (2006), de Sofia Coppola, con una fusión de humor absurdo y punzante entre Terry Gilliam y Paul Verhoeven. Pero ese trampantojo inicial se da la vuelta como un calcetín para entregarnos un, en apariencia, slice of life contemporáneo sobre tres personajes femeninos que demuestran que, aunque las revoluciones y luchas sociales dieron paso a lo que denominamos democracia, los roles sociales siguen estando perfectamente marcados y estratificados.

Pero todo ello sin ninguna intencionalidad reivindicativa, sino bajo la apariencia de una comedia del absurdo con toques dramáticos que, aunque poética, hilarante y (a veces) sorprendente, deja la sensación de querer abarcar más de lo que su ajustado metraje le permite, sugiriendo ideas que quedan algo perdidas en el maremágnum de tramas y relaciones espacio-temporales que no maduran o fructifican lo suficiente.