Print Friendly, PDF & Email

Conocíamos a Alexander Horwath como uno de los críticos ‘mutantes’ originales (uno de los siete participantes en las Movie Mutations de Trafic), después como director muchos años del Austrian Film Museum. Esas dos vertientes, la del crítico y la del archivista o director de filmoteca parecen coincidir en Henry Fonda for President, una película que nos habla, claro, de Fonda, el actor y el presidente de Estados Unidos en varias películas, pero también del propio Horwath. Al fin y al cabo esta es una película que arranca en 1980, dos años antes de la muerte del actor, cuando en un viaje familiar a París el entonces adolescente descubre varias películas del protagonista de Las uvas de la ira. Arranca en la parte personal, pero en realidad la película cubre un arco temporal mucho mayor, pues bucea en la historia para llegar hasta el siglo XVII, hasta los orígenes holandeses del apellido Fonda, su emigración a América y la fundación de un pequeño pueblo que lleva su nombre en el estado de Nueva York. Lo cierto es que la película de Horwath es tanto una biografía de Fonda y un análisis de los papeles que interpretó a lo largo de su carrera, como, en última instancia, una historia de los Estados Unidos, desde la colonia y al menos hasta 1982, cuando Fonda fallece. Combinando mucho material de archivo, tanto películas como audios, con filmaciones de los lugares donde la biografía de Fonda se desarrolló o donde las películas se ambientaron, Henry Fonda for President es una suerte de variación sobre Profit Motive and the Whispering Wind, de John Gianvito, que debe mucho a James Benning (la forma de insertar una cita de James Baldwin está tomada de American Dreams, reconoció Horwath en el coloquio) o a Thom Andersen (esa voz en off capaz de combinar la erudición, la poesía y la ironía), por más que Horwath insista en que su película habla de los Estados Unidos desde fuera, desde otra tradición cultural. El título de la película está tomado de un episodio de 1976 de la sitcom Maude (Norman Lear, 1972-1978), en el que la protagonista se obsesiona con que Fonda se postule como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. Al fallecer en 1982 Fonda acababa de recibir dos Oscars consecutivos, el honorífico y al mejor actor protagonista por En el estanque dorado, pero el presidente del país era otro actor, mucho más mediocre pero muy hábil en sus discursos. Alexander Horwath sabe sacarle partido a todo, también a las anécdotas o las relaciones más inesperadas. Después del crítico y el archivista, ha nacido un cineasta mayúsculo.

Jaime Pena