¿Qué quedará en el futuro?

En un primer día de festival en el que películas de diferentes secciones se han preguntado por la inhabitabilidad del mundo contemporáneo ─la propia Calle Málaga (2026), película de inauguración, parte de la historia de una mujer que se ve obligada a abandonar su casa en Tánger─, dos de ellas lo hacen desde prismas temporales y formales opuestos. La nueva película del cineasta Víctor Augusto Mendívil ─que ya el año pasado presentó su cortometraje Ojalá pudiera decir la verdad (2024) en el que se aproximaba a la historia olvidada de Perú desde el archivo familiar─ se presenta como una carta visual, esta vez a su hijo Clau, en la que le habla del país que heredará cuando sea mayor. En El Perú es un lugar para morir (2026), estrenada en la sección oficial de cortometrajes documentales, el material del que parte Mendívil se compone de una serie de rollos de 16 mm filmados por un turista en los años cincuenta en los que se revelan paisajes aéreos, ruinas, actividades cotidianas y fiestas locales. Lo colectivo, la apropiación, los desaparecidos emergen en ese archivo ajeno y extranjero que el cineasta manipula a través de repeticiones, cortes y cambios en la velocidad de reproducción, para intercalarse con la memoria personal y los pensamientos que Mendívil guarda para su hijo. Las palabras del padre, que retienen un grito de esperanza para las generaciones venideras se superponen finalmente a un fragmento que se repite una y otra vez en el que se ve un edificio derrumbándose.  “¿Es el Perú un lugar para morir?” se pregunta en varias ocasiones, haciendo que esa preocupación por el futuro nazca precisamente de una mirada al pasado, a un legado de estatismo político y violencia velada que ha recorrido la historia peruana y que vuelve a confrontarse hoy desde las imágenes.

Por su parte, dentro de la sección Zonazine, Sol Iglesias SK plantea en su ópera prima Los nadadores (2026) un juego distópico que mira al futuro de Argentina y en el que vuelven a reaparecer varios de los personajes de sus anteriores cortometrajes. En medio de un interminable verano que sugiere una crisis climática, un grupo de amigos deambula por una ciudad en proceso de evacuación en la que el sol lleva sin ponerse más de tres días. Esta premisa fantástica permite a la cineasta acercarse a la deriva colectiva de la juventud, en una película en la que lo lúdico se filma como acto revolucionario. Los amigos invaden las piscinas abandonadas de la gente adinerada y pasan el día rebuscando en las casas, fumando, tomando el sol y bañándose para refrescarse, al margen de una humanidad en fuga que permanece en fuera de campo. La cámara recorre los cuerpos mojados, las plantas, el cielo y los objetos cotidianos, entregándose a la fisicidad de ese paso del tiempo que parece imperceptible y a esa luz que no cambia mientras los amigos se mueven de una piscina a otra. A pesar de que en su tramo final se evidencie abruptamente la lectura de clase que subyace a toda la película, Iglesias despliega una mirada crítica a la actualidad y a un futuro en el que parece ser la propia naturaleza, en última instancia, la que está expulsando a los jóvenes del mundo.

Nacho Álvarez