La carn (Joan Porcel, 2025). Zonazine
La relación entre cine y teatro ha sido una constante desde el nacimiento del primero como forma artística a finales del siglo XIX. No obstante, con el cambio de paradigma que ha supuesto el mundo digital, esa interconexión ha vuelto a problematizarse desde la hipermedia, dando lugar a formatos audiovisuales como el teatro digital o la cyberformance, que se separan de la fisicidad del escenario para buscar un lenguaje que juegue con las reglas de lo virtual. Dentro de la sección Zonazine, el cineasta Joan Porcel ha presentado La carn (2025), un proyecto que nace de la mano de la productora Mansalva Films y que sigue su estela de experimentación entre la ficción, la no ficción y los lenguajes alternativos, en este caso, internet. La película toma como punto de partida la performance del artista mallorquín Lluís Garau en la que el joven danza delante de varios ordenadores donde tiene abiertas una serie de conversaciones con gente desconocida en la página web Chatroulette.com. La premisa de la performance era la confrontación de dos intimidades frente al público: una que se expone voluntariamente (la del propio Garau que baila delante de sus espectadores individuales) y la de los interlocutores de Chatroulette que van pasando por las pantallas sin ser conscientes de que forman parte de una pieza escénica. Y es precisamente la noción de individualidad la que vehicula la obra de Garau, que trata de reproducir la soledad de la habitación de su adolescencia y el desarrollo identitario de su yo-internet, que experimentó un despertar homosexual basado en la pornografía y la exposición ante desconocidos online.
El propio artista ha hablado tanto del individualismo que guía su proceso creativo, el cual arrastra una noción de la violencia sobre cuerpo que mucho tiene que ver con la obra de Angélica Liddell, el dolor y el cuerpo autoabusado, como de las limitaciones del cine y el teatro para pensar en la sexualidad en la era digital. Por lo tanto, la transformación de La carn en película arrastra una pregunta automática que debe resolver: ¿cómo se expande La carn a través de lo cinematográfico? La respuesta comienza por una ampliación del universo contenido en escena, mostrando no solo la habitación, la sala de ensayo y los lugares de representación en España y Europa, sino el detrás de cámaras de Garau cuando se graba a sí mismo para comunicarse por redes sociales con sus seguidores. Es crucial en este sentido la combinación de formatos y tipos de imágenes, verticales, horizontales o de videocámara, que ahondan en el retrato poliédrico y pixelado del artista. Ese carácter estrictamente individual de la obra de Garau se expande hacia lo colectivo en la filmación de la película, explorando esa identidad virtual más allá del escenario y la habitación, mostrando aquí una predilección por la pantalla del ordenador. No obstante, Porcel no termina de asumir la condición mutante de su obra, que tiende a preferir la dramatización sobre la experimentación con el lenguaje virtual. Por tanto, esa meditación sobre la vulnerabilidad, que ya se encontraba implícita en la danza del sujeto-virtualizado frente a las pantallas, al evidenciarse narrativamente a través de mecanismos de guion y simbolismos (el cuerpo de Garau deshaciéndose en píxeles), termina por insertar la película en un marco teatral más que performativo.
Nacho Álvarez








