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Recolecta anual de cine invisible.
Gerard Alonso i Cassadó.

Si hay algo que deberían tener todos los festivales de cine es identidad. Aunque parezca una obviedad, la mayoría de certámenes ven transcurrir una edición tras otra sin encontrar su propia imagen, haciendo probaturas, anhelando un factor diferencial que, en ocasiones, nunca llega. En su cuarta edición, el Atlántida Film Fest de Filmin, el mayor festival español de cine por Internet, ha consolidado su marca, reflejo de lo que ya es Filmin como videoclub online: una apuesta firme por el cine de autor, una búsqueda incesante de tesoros ocultos bajo la maleza del discurso oficial de la cartelera y, en paralelo, una sana apertura a la heterogeneidad en busca de todos los nichos de público posibles.

La programación de este año ha vuelto a ser el último tren para incuestionables joyas del mal llamado cine de festivales como Why Don’t You Play in Hell, de Sion Sono; Ilo Ilo, de Anthony Chen; o L’étrange couleur des larmes de ton corps, segundo largo de los directores de Amer. Junto a estas apuestas seguras, películas que, por su naturaleza, jamás llegarán al circuito comercial, como el último y extenso documental de Frederick Wiseman, At Berkeley; o Després de la generació feliç, de Guillotinha, más cerca de los audiovisuales de un concierto que de un film. El cine español es hoy low cost y por ello en el AFF hemos gozado de títulos  como Casting, de Jorge Naranjo, o Reset, de Pau Martínez, cuya escena final redimensiona la película alcanzando uno de los puntos álgidos de un festival que nos ha descubierto óperas primas tan notables como La Batalla de Solferino, de Justine Triet, o The Kings of Summer, de Jordan Voigt-Roberts. Y, como hablábamos antes al citar los nichos, los programadores no se han olvidado del cine queer (El tercero, de Rodrigo Guerrero) o del existencialismo (Ritual, adaptación de La Danza de la Realidad de Jodorowsky), que también tienen su público. Aunque sobraría decir que es en el AFF donde se han estrenado en nuestro país las últimas obras de Valérie Donzelli o Xavier Dolan para explicar la enorme relevancia de este festival en nuestro famélico circuito de distribución cinematográfica.