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En la saga John Wick, la muerte del perro del protagonista sirve de detonante para una espiral de venganza hiperviolenta que se extiende a lo largo de cuatro entregas. En Les Meutes, primer largometraje de Kamal Lazraq, el fallecimiento de un perro de pelea también desencadena una revancha mal gestionada en un thriller que se sitúa en las antípodas estéticas, sociales y morales del blockbuster protagonizado por Keanu Reeves. Lazraq, cineasta premiado en la Cinefondation en 2010, resigue el itinerario en una noche de Hassan e Issam, un padre y un hijo, para deshacerse del cadáver de un matón a quien han provocado accidentalmente la muerte mientras lo intentaban secuestrar por encargo.

Lazraq se refugia en la urgencia y el realismo bruto, sin estilizaciones de ningún tipo, del cine digital para acompañar a estos dos perdedores por los bajos fondos y los rincones más marginales de Casablanca mientras encadenan tribulaciones varias, mucha mala suerte y una solicitud continua de favores. No hay ninguna épica, tampoco la de los perdedores, ni en el trabajo ni en los motivos de los protagonistas, encarnados ambos por actores no profesionales. La desesperación del escenario en que se ven atrapados incluso afecta a un vínculo paterno-filial en que no hay lugar para que un padre proteja a su hijo. El director lleva a cabo un retrato sin concesiones de los márgenes de una sociedad marroquí donde los hombres (excepto por el hogar presidido por la abuela, los protagonistas se mueven todo el rato por espacios de homosocialización masculina) no disponen de más recursos y oportunidades que los trabajillos ilegales y mal pagados de todo tipo. Como en otros thrillers presentes en el festival, el itinerario se estructura como una progresiva caída en el abismo moral en un país en que no se trata mejor a las personas que a los perros callejeros. Eulàlia Iglesias