Àngel Quintana
En 2017, el escritor francés Olivier Guez se planteaba por qué un nazi perseguido como uno de los grandes criminales de Auschwitz había conseguido vivir en la clandestinidad utilizando diferentes nombres falsos y no se había descubierto hasta unos años después del momento de su muerte. The Disappearance of Josef Mengele plantea una serie de respuestas a esta cuestión mientras establece una cartografía de espacios por los que había transitado el médico que había llevado a cabo pruebas terribles con personas enfermas, minusválidos y deficientes mentales en su oficina de Auschwitz. Kirill Serebrennikov, cineasta ruso exiliado en Alemania, parece plantear una continuación del camino emprendido por su anterior película Limónov (2024), con otro acercamiento a un personaje extremo. Serebrennikov muestra los diferentes refugios de un personaje que utilizó diferentes pseudónimos para esconderse en la Argentina de Perón y posteriormente en el Brasil de la dictadura militar. Mengele se reúne con otros mandatarios nazis y comenta la debilidad de la política llevada a cabo por Adenauer, la ceguera de Estados Unidos en el control del mundo y lamenta que una parte de su Alemania esté en poder de los comunistas. Uno de los hilos dramáticos de la película es la presencia del hijo de Mengele que quiere saber quién fue su padre y este le acaba confesando su trabajo en Auschwitz como parte del plan de trabajar por la patria. El momento en que Eichmann es atrapado por el Mossad irrumpe en la tranquilidad de Mengele, quien no cesa de buscar posibles escapatorias para acabar sobreviviendo. Serebrennikov rueda esta vez de forma más contenida que en sus otras películas, en algunos momentos se echan en falta sus excesos visuales y da la sensación de que no acaba de encontrar un ritmo visual con suficiente fuerza para tratar un gran tema y dar forma a una personalidad compleja que, a pesar de la anacronía de los tiempos, no se arrepiente de nada de lo que hizo. Con todo, Serebrennikov mantiene su dignidad.








