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La nueva película de Valeria Bruni Tedeschi (una presencia bien conocida en Cannes y ya con una larga trayectoria en el festival) evoca la experiencia llevada a cabo por Patrice Chéreau con l’École des Amandiers, en el Teatro Nacional de Nanterre-Amandiers, cuya dirección asumió. Una experiencia intensa y fértil para los jóvenes intérpretes que la vivieron, ahora ficcionalizada por la directora sobre un guion escrito por ella misma en compañía de Noémie Lvovsky y Agnès de Sacy, con quienes viene trabajando desde el comienzo de su filmografía como realizadora. La historia que nos cuenta descansa sobre un molde recurrente y tópico, no demasiado diferente del de Fama o, si se quiere más cercano, del de Operación triunfo (un grupo de actores y actrices que viven intensamente en una escuela todo tipo de anhelos profesionales, amorosos y existenciales), pero aquí se salva –solo en cierta medida– por la energía, el ímpetu y la verdad interior que Bruni Tedeschi consigue extraer de sus actores (indeleble marca de su personalidad y de su entendimiento del cine), sin que las vivencias de unos y otros se diferencien mucho de las que ya hemos visto bastantes otras veces en multitud de ficciones equivalentes. Algo más reposada en términos de planificación y menos nerviosa en la puesta en escena y en la dirección de actores que sus realizaciones precedentes, Les Amandiers no sería mucho más que una estimable pieza de Un Certain Regard en cualquier otra edición de Cannes, pero este año la han colocado en el escaparate principal y las expectativas que esto genera no le hacen ningún favor a una propuesta tan humilde.

Carlos F. Heredero

Estamos a mediados de los años ochenta. Patrice Chéreau está revolucionando el teatro en Europa. Ha puesto en escena en Bayreuth la tetralogía de Wagner junto a Pierre Boulez y ha transformado el Centro de Cultura de Nanterre en el Teatro Nacional des Amandiers, que convierte en escuela. En aquella época empiezan sus montajes de Bernard-Marie Koltès y sus primeros trabajos en el cine. Valeria Bruni Tedeschi llegó a les Amandiers en aquella época. Siguiendo los trazos autobiográficos de su propia vida, Valeria Bruni Tedeschi retrata su llegada a les Amandiers, su relación con sus compañeros en una época marcada por el deseo de atrapar la juventud hasta el límite y vivir intensamente hasta el último momento. Les Amandiers captura el espíritu de una época marcada por la promiscuidad sexual bajo la amenaza del sida y el consumo de drogas, especialmente de heroína. Mientras los personajes viven intensamente su vida, Chéreau decide dirigir Platónov de Chéjov, obra que habla del fin de la juventud. La troupe de jóvenes actores va a enfrentarse a las exigencias de un director de escena que considera que todos los actores, desde el principal hasta el secundario, son claves. La intensidad de los primeros amores y el dolor de la pérdida marcarán el montaje de la obra y la relación familiar entre todos los personajes. Al final, Platónov se estrenará en 1986 en el Théâtre des Amandiers, triunfará en el festival de Avignon y, en 1987, Chéreau la transformará en la película Hôtel de France. Entre los jóvenes actores que estaban allí en aquella época junto a Valeria Bruni Tedeschi se encontraban Vincent Pérez, Agnès Jaoui, Marianne Denicourt y Bruno Todeschini. En la película están interpretados por otros jóvenes actores encabezados por una enigmática Nadia Tereszkiewicz como alter ego de la directora, mientras que Louis Garrel interpreta de forma un tanto errática a Patrice Chéreau. Estamos ante una película llena de encanto, con algunas irregularidades de puesta en escena y marcada por grandes derroches de vitalidad y de dolor.

Àngel Quintana