Carlos F. Heredero

Se entra en la ficción que propone la nueva película de Arnaud Desplechin como si nos sumergiéramos en un relato de misterio con lejano aire hitchcockiano y con un hipotético sustrato de cine fantástico que lo hace particularmente atractivo. Por momentos, creemos seguir a un personaje (un famoso pianista que regresa a Lyon después de vivir varios años en Japón) que se desmaya repentinamente al cruzarse con una mujer en un ascensor y que después le sigue la pista, por parques y calles, a un niño de diez años idéntico a como él mismo era cuando tenía su edad. Nos preguntamos incluso si estamos asistiendo a una historia en la que el pasado y el presente conviven a la vez dentro del mismo relato, pero finalmente el guion del cineasta galo termina por desenredar la madeja, aterrizar la historia y anudar los hilos que relacionan al protagonista con su antigua novia, a esta con su pareja actual y al primero con el niño hasta abrir la puerta, mediado el metraje, a un relato más tradicional sobre desencuentros amorosos y las oportunidades de revivirlos, o no, al cabo del tiempo cuando la vida ofrece una nueva oportunidad.

Cuando el discurrir dramático y narrativo renuncia a su potencial dimensión fantasmagórica, el film de Desplechin pierde atractivo sin dejar de sostenerse sobre una puesta en escena y –muy especialmente– sobre una planificación de notable cercanía con los personajes, capaz de inyectar en estos fisicidad y viveza, densidad visual y una energía fílmica indudable ‘marca de la casa’, por mucho que aquí el cineasta no llegue ni mucho menos a las alturas alcanzadas en títulos como Reyes y Reina o Un cuento de Navidad. Desplechin retorna, es cierto, a uno de sus fantasmas más constantes (las complejas relaciones paterno-filiales) y finalmente observa a la intermitente pareja amorosa con distante, pero lúcida madurez no exenta de ternura. Hay también, en algunas vibraciones de este complejo relato pasional, un indudable parentesco con ciertos títulos de Truffaut, y todo ello convierte a la sugerente propuesta que lleva dentro Dos pianos en una obra rabiosamente personal y particularmente cercana al universo mas reconocible de su autor.