Eulàlia Iglesias

A la manera de Prometido el cielo, de Erige Sehiri, que inauguró Un Certain Regard en 2025, Congo Boy aborda las tensiones migratorias desde una perspectiva totalmente africanocéntrica. Rafiki Fariala se inspira en su propia historia, la de un joven que huyó con su familia del Congo para refugiarse en la República Centroafricana. Allí sus padres acabaron en la cárcel, ante la inoperancia de ACNUR, y él tuvo que ocuparse de sus cuatro hermanos, mientras se preparaba para el examen de la selectividad. Fariala ha presentado su película cantando, para dejar claro de qué manera su protagonista, Robert (Bradley Fiomona), se distancia de la imagen más estereotipada del refugiado. El joven no solo sufre todas esas tribulaciones y otras más. También se dedica, como el propio Fariala, a componer música e intenta iniciar una carrera en este ámbito. Ante el disgusto de su padre preso, que espera que su hijo estudie medicina.

Congo Boy inscribe así la narrativa del joven que lucha por su sueño contra viento y marea en un contexto insólito, el de un drama de aliento neorrealista ambientado en África que recoge la experiencia de los refugiados congoleses. Fariala apuesta por un relato propio del coming of age para explicar los acontecimientos de su vida. E introduce esta dimensión musical que acerca la película a una audiencia juvenil e internacional para quien el hip hop es una lengua franca. El director convierte las canciones en el motor expresivo de un personaje emotivo pero un tanto monolítico como joven héroe capaz de superar múltiples vicisitudes. Como también resulta harto convencional el itinerario del chico que persigue triunfar en el mundo de la música. Lo que no impide que el film transmita la misma energía y optimismo que mueve al joven Robert.


Àngel Quintana

El cineasta Rafiki Fariala nació en la República Democrática del Congo, pero su familia se vio obligada a huir a la República Centroafricana debido a la guerra. Su infancia transcurrió marcada por el exilio y la marginación que implica crecer como extranjero en un país vecino. Tal y como explicó durante la presentación de la película, Congo Boy funciona como una especie de alter ego autobiográfico con el que busca mostrar una realidad migratoria pocas veces representada en el cine africano: más allá de las migraciones intercontinentales o de los grandes relatos sobre refugiados que llegan a Europa, en el corazón de África existen constantes desplazamientos entre países vecinos provocados por los conflictos armados, la pobreza y la inestabilidad política.

La película sigue la historia de Robert, un joven de diecisiete años que vive en Bangui, capital de la República Centroafricana. Sus padres han sido encarcelados después de intentar escapar durante los enfrentamientos entre las milicias y el gobierno, por lo que el muchacho debe hacerse cargo de sus hermanos pequeños mientras intenta sobrevivir en un entorno hostil. A pesar de las dificultades, Robert sueña con convertirse en artista y alcanzar algún día una vida mejor. Congo Boy combina el relato social con una historia clásica de superación personal. Ambientada en un entorno urbano vibrante y caótico, la película retrata con sensibilidad la dureza de la exclusión y la precariedad, pero también deja espacio para momentos de lirismo y esperanza. Fariala introduce además pequeñas secuencias musicales y notas poéticas que suavizan el tono de denuncia social y aportan humanidad al recorrido de su protagonista. El resultado es una obra íntima y demasiado previsible que convierte una experiencia personal de exilio en un retrato sobre la supervivencia y los sueños de la juventud africana.