Militantropos (Yelizaveta Smith, Alina Gorlova, Simon Mozgovyi). Cannes 2025 – Quincena de cineastas
Jara Yáñez
El colectivo Tabor presenta un retrato a su vez colectivo, caleidoscópico y fragmentado de Ucrania durante la invasión rusa, en el que no hay imágenes del enemigo y sí la alternancia de dos formas distintas de afrontar la guerra. Porque por un lado se presentan secuencias de aquellos que van al frente y, por otro, de los que deciden quedarse en casa. Como punto de conexión entre ambas realidades, se intercalan imágenes de la naturaleza como contexto común que, a pesar de todo, también sufre de algún modo las consecuencias. Militantropos comienza y cierra con las imágenes de unas nubes grises amenazantes en lo que constituye un universo cerrado que resulta valioso por lo que tiene de registro directo de lo real. Planos de entrenamientos militares, de las trincheras, los hospitales o las morgues, se combinan así con los que muestran el trabajo de la tierra, el cuidado de los animales, los campos de amapolas o un par de niñas jugando.
Pero la película, en sus dos horas de metraje, no escapa a la mera sucesión de situaciones, de momentos o retratos humanos que, a pesar de la belleza estética y el cuidado con el que son rodados, no deja más poso que el superficial, el del mero registro. Y es que el film avanza a partir de la simple yuxtaposición de las distintas realidades y salta de un lugar a otro sin dejar el tiempo necesario para que ninguna de ellas (con mucho potencial casi todas) pueda reverberar más allá. Los planos son lo que son, se agotan rápido sin más posibilidad interpretativa que la epidérmica, sin capacidad para proponer una mirada que atraviese lo que vemos. Y es una pena porque la intensidad emocional intrínseca al propio relato del horror que el film contiene como base, quizá habría dado para más.








