Eulàlia Iglesias
En su docuserie videoensayística Exterminad a todos los salvajes (2021), Raoul Peck parte de Joseph Conrad para llevar a cabo una revisión de la Historia de Occidente desde la óptica del postcolonialismo y concluir que el principal pilar de nuestra civilización no ha sido la cultura, la ciencia o la democracia, sino el exterminio de otros pueblos. En Orwell: 2+2=5 lleva a cabo un ejercicio parecido en forma de largometraje. En este caso, el punto de partida es otro escritor clave de la literatura anglosajona del siglo XX, George Orwell, que le sirve para llevar a cabo una radiografía del autoritarismo a través del siglo XX y de varias geografías, y constatar sus formas de pervivencia en la actualidad. El film también conecta con las tesis postcoloniales. A través de los propios textos de Orwell, leídos con total convicción por Damian Lewis, se recuerda que el autor de 1984 formó parte de joven de la policía colonial birmana, y cómo esta experiencia le sirvió para forjar precisamente su conciencia anticolonial. El propio Orwell relata cómo la pertenencia a un sistema imperialista y clasista le llevó a cultivar su compromiso político con un socialismo no totalitario.
En su ejercicio de la no ficción, Peck combina la lectura de textos diversos con imágenes de archivo, noticiarios actuales, diagramas estadísticos y fragmentos de películas, tanto adaptaciones de las obras más conocidas de Orwell como otras de cineastas culturalmente cercanos a él como Bill Douglas y Ken Loach –no falta, por supuesto, Tierra y libertad (Loach, 1995)–, que le permiten ilustrar sus principios políticos. Es en este recorrido no lineal pero muy dinámico, fragmentario pero repleto de resonancias, por la figura íntima, la obra literaria y el pensamiento político de Orwell en que la nueva propuesta de Peck encuentra su principal atractivo. En una escena, recupera un fragmento de Apostrophes en el que Milan Kundera confesaba sus prejuicios hacia George Orwell derivados de su rechazo a la literatura entendida como herramienta pedagógica. Pero, continuaba el escritor checo, con el tiempo se había dado cuenta de la capacidad visionaria de la obra del británico respecto a las derivas de ciertos modelos políticos. Esta es la idea que mueve también la película de Peck. El cineasta haitiano parte de tres principios que rigen el régimen autoritario de 1984, la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza, para explorar de qué manera estos axiomas permiten diagnosticar la condición o los dejes autoritarios de tantos gobiernos actuales, de Estados Unidos a Birmania pasando por Italia u Honduras. Aquí sí que el relato de Peck sobre la situación actual del mundo, aunque contundente y lleno de razones, cae en un discurso excesivamente obvio o sabido.








