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Lumumba, la mort du prophete (Raoul Peck, 1991). CANNES 2021 – Cannes Classics

En su última serie documental, Exterminate All the Brutes, Raoul Peck vuelve a Zaire, la antigua colonia belga del Congo donde se instaló con su familia cuando solo tenía ocho años. Sus padres habían sido contratados por el gobierno del país recién independizado. La historia, más o menos en los mismos términos y contando con las mismas imágenes, ya la contaba Peck en el que es muy probablemente su documental más conocido, Lumumba, la mort du prophete (1991), una coproducción suizo-alemana rodada en el treinta aniversario del asesinato del primer presidente electo de Zaire, cuando llevaba muy pocos meses en el cargo, y cuya restauración se acaba de presentar en la sección Cannes Classics.

Peck parte de Bruselas, de las calles de la antigua metrópoli, para evocar aquellos años, mientras va entrevistando a muchos de los testigos de la época, fundamentalmente periodistas que reflexionan sobre el tratamiento informativo que recibió tanto la independencia como la llegada a la presidencia de un joven Patrice Lumumba (“La prensa puede ser objetiva, los periodistas no”, entendiendo la objetividad como un lujo al alcance de muy pocos). Después del éxito de la revolución cubana, Lumumba amenazaba con convertirse en un nuevo líder anticolonialista. Su primer discurso ante el mismísimo rey belga dejó a un lado la diplomacia y le reprochó todos los agravios e injusticias cometidas por los colonizadores, para quienes los africanos no eran otra cosa que ciudadanos de segundo orden. Los militares, muchos colaboradores suyos, lo secuestraron, torturaron y asesinaron, justo después de haber promovido la independencia de la provincia más rica del país, Katanga; la mano desestabilizadora de la CIA y de Bélgica, que no quería perder el control de su antigua colonia, no es algo que se ponga en duda.

El niño Peck llegó desde Haití a Zaire después del asesinato. Su evocación en primera persona, combinando las entrevistas con las imágenes de archivo y las de las calles vacías de Bruselas, conforma un melancólico adiós a todas aquellas esperanzas frustradas, no las de una nación independiente y libre, sino las de una nación independiente y tutelada.

Jaime Pena