Carlos Losilla

He aquí una película que plantea una de las cuestiones cinematográficas de moda: ¿qué hacer con los filmes abiertamente políticos que, sin embargo, quizá —y digo solo ‘quizá’— carezcan de un trabajo de ‘puesta en escena’ a la altura? ¿Basta con que la historia que se nos cuenta presente un alto contenido ‘progresista’ para que —sobre teniendo en cuenta los tiempos que corren— la respetemos como eso que antes se llamaba ‘obra cinematográfica’? Pedro en el país recorre la historia argentina de buena parte del siglo XX de la mano de Pedro Catella, luchador de izquierdas e hijo de luchadores, únicamente a partir de sus palabras, de sus relatos. Sus primeros planos bastan para dar forma a una narración que es la suya, y en la que hemos de creer ciegamente. Y de su mano nos enteramos de cuestiones básicas de la crónica latinoamericana de la centuria pasada, desde el papel del peronismo hasta el de la revolución cubana, pasando, cómo no, por las dictaduras que asolaron el país desde mediados de siglo y que afectaron de lleno a su familia. También comparece, claro está, la cuestión humana, las relaciones con los padres, lo que supone la huida y el exilio…

Dirán que estoy reduciendo cuestiones tan serias a un estilo banal y generalista y tendrán razón. No conozco el material que trata este film con la suficiente profundidad como para ponerme a reflexionar sobre si el tratamiento es el adecuado. Y quizá por eso, más allá de la simplicidad expresiva de la película —que dura una hora y solo ofrece la lectura de unas cartas, una entrevista con Catella y unas cuantas imágenes documentales—, mientras la veía, me interesaban sobre todo un par de cosas: primero, las dotes narrativas de Catella, capaz de mantener el interés del oyente/espectador solo con su voz, sus inflexiones, sus elipsis; y segundo, el modo en que esa crónica se convierte poco a poco en un relato de intriga y suspense que traslada una emoción política de primer orden, aparte de erigirse igualmente en una saga familiar (no en vano una de las voces que comparecen es la de Mariano Llinás, otro narrador nato). He ahí el verdadero trabajo de ‘puesta en escena’ de María Alché y Benjamín Naishtat, los directores y entrevistadores. El título, Pedro en el país, ya sugiere aventuras, acción, un protagonista a partir del cual conocemos otros horizontes. ¿Y acaso no es esa la misión del cine? Pues la manera de acceder a esos territorios pueden ser también un modo de hacer política. Si este es un film emocionante a todos los efectos es porque procura una movilización de los sentidos que es también una movilización política, nos lleva al conocimiento a partir de la identificación y el deseo de saber más, de conocer la Historia para trascenderla y permitir que alumbre el presente.