Cristina Aparicio

¿Cómo prepararse para la guerra? La pregunta no podría ser más pertinente si se tiene en cuenta el clima de atrocidades y genocidios que impera en la actualidad. Un interrogante que John Skoog intenta responder con su segundo largometraje, Värn, y del que también se ha hecho eco el gobierno sueco a lo largo de la historia, como sucede con el periódico reparto de panfletos con instrucciones para que la población esté preparada en caso de conflicto bélico. Desde los títulos de crédito, Värn remite directamente a estas indicaciones oficiales: dibujos en blanco y negro que detallan cómo actuar en caso de que estalle la contienda. En concreto, se trata de las imágenes del manual que el Gobierno repartió durante la Guerra Fría, momento en el que se ubica la cinta. No era la primera vez que las autoridades se veían en la responsabilidad de alertar a la ciudadanía de la inminente desgracia y tampoco fue la última (hace menos de un año que se envió la más reciente actualización del folleto a cinco millones de ciudadanos). Skoog se sirve de esas imágenes como carta de presentación del granjero Karl-Görna Persson (Denis Lavant), un hombre que ha asumido el mensaje y asimilado todo su terror. El objetivo de este peculiar personaje va haciéndose evidente a medida que avanza la cinta: fortificar su hogar, hacerlo indestructible y aislarse así de los peligros que acechan en el exterior. Skoog adopta una estética (en blanco y negro) y una forma de narrar que recuerdan a esas viñetas del panfleto, mostrando situaciones parceladas tan explicativas que es fácil prescindir de los diálogos. Con ese planteamiento minimalista, la película retrata la recolección de chatarra y materiales que emprende el granjero.

A pesar de la premisa, Värn no promueve el individualismo ni el ‘sálvese quien pueda’. Se trata, más bien, de hacer visibles a aquellos que nadan contra corriente incluso cuando a su alrededor impera el negacionismo o la incredulidad. La presencia constante de los niños y los vecinos con los que conversa y comparte preciosos momentos da cuenta de la importancia de lo colectivo, de cómo la aceptación se sitúa en un primer término incluso cuando el mundo parece derrumbarse. A veces las guerras estallan y obligan a encerrarse en una fortaleza. Otras veces, en cambio, es la propia naturaleza humana la que arrincona a quienes son distintos o, sencillamente, están aterrorizados.