Eulàlia Iglesias

Con una altura de 2,13 m, muy por encima de la media incluso en el baloncesto, la jugadora letona Uljana Semjonova causó sensación en la escena internacional de este deporte en los años setenta y ochenta. Ulya recoge parte de su vida, desde su infancia en una remota aldea letona, en el seno de una familia de granjeros rusos que profesaban la antigua liturgia ortodoxa, hasta su triunfo en las canchas deportivas, un entorno que en principio le resultó harto hostil. La película dirigida por Viesturs Kairišs intenta apartarse de los caminos más tradicionales del biopic deportivo. Desde su arranque en un blanco y negro poético, Kairišs se muestra más interesado en retratar la dimensión emocional de la protagonista que en encadenar hitos dentro de una típica historia de superación (que también acaba emergiendo). En su primera parte, el film incluso remite a Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), cuando describe cómo la protagonista se siente apartada de las decisiones que sus padres y los primeros ojeadores que se acercan a conocerla toman sobre su futura vida profesional. Ulya se muestra reticente a abandonar la granja en que ha crecido, aunque en el pueblo tampoco acabe de encontrar su lugar. Para ella, triunfar en el baloncesto no es ningún sueño, sino una imposición. En sus primeros tiempos ya en Riga, el film relata las dificultades para adaptarse a los entrenamientos y para ser aceptada por sus compañeras, que se sienten discriminadas por el trato de favor que se otorga al fichaje estrella del equipo. Ulya no tarda en ser codiciada por los responsables de los equipos rusos, capaces de poner en marcha sus propias estrategias maquiavélicas para hacerse con la jugadora, en un país en que el deporte era una cuestión de Estado.

Retrato evocador del mundo del baloncesto femenino en la Unión Soviética de la época, el film marca la diferencia en la elección del actor Karlis Arnolds Avots para encarnar a la protagonista femenina. El motivo se encontraría en que este intérprete letón conoció en la vida real a Semjonova y contaba con su aprobación para meterse en su piel en una película. Avots construye un personaje sensible que se relaciona con el mundo desde la vulnerabilidad de quien se siente diferente. Resulta imposible no conectar emocionalmente con la protagonista y sus tribulaciones. Y, al mismo tiempo, Kairišs y Avots, también coguionista, reducen el arco del personaje a este desencaje de Ulya con su entorno, un choque que va menguando a medida que la jugadora se integra con éxito en el equipo. La película hubiera ganado si Ulya se nos presentara no solo como un personaje vulnerable, sino también complejo.