Eulàlia Iglesias
Toda una declaración de intenciones que el jurado de Un Certain Regard, presidido por la actriz Leïla Bekhti, y compuesto por la productora senegalesa Angèle Diabang, el compositor libanés Khaled Mouzanar, la directora italiana Laura Samani y el director francés Thomas Cailley, haya concedido el Premio a la Mejor Melícula de la sección a Everytime, de Sandra Wollner. Porque se trata de la película con una mayor vocación de experimentar con la imagen cinematográfica de las 19 seleccionadas, junto a la libanesa Yesterday the Eye Didn’t Sleep, de Rakan Mayasi. La directora austríaca Sandra Wollner se dio a conocer en 2018 con la estimulante The Impossible Picture, que escudriñaba desde la ficción los entresijos del cine doméstico para desvelar los secretos de una familia burguesa en la Austria de los años cincuenta. Su segundo film, Del inconveniente de haber nacido (2020), se adentraba en la ciencia-ficción low-fi para explorar los límites de lo humano. En este tercer y premiado largometraje, la directora vuelve a acercarse al peso del trauma en una familia marcada por la muerte prematura de la hija adolescente, al tiempo que sigue moviéndose por un territorio limítrofe entre el mundo objetivo y una experiencia alternativa de la realidad.
En su primera parte, Everytime transcurre en verano en Berlín, donde Ella se dispone a irse de vacaciones junto a sus dos hijas, Jessie y Melli. La mayor decide apurar, junto a su novio Lux, la última noche antes de partir. Tras muchas horas de fiesta, acaban contemplando la salida del sol desde lo alto de un edificio. Dormido, Lux no advierte que Jessie cae al vacío. Wollner convierte esta secuencia trágica en la mejor de la película. Antes de que la veamos caer en un plano general muy distanciado, la cámara ha mostrado a la muchacha atenta a la salida del sol. Una panorámica nos aleja de ella para centrarse en un amanecer radiante que inunda la pantalla, un momento de máxima belleza en el que parece sumergirse la chica. Su caída trágica colisiona con la sensación de que Jessie había alcanzado un estado de plenitud solar justo antes. El punto de vista alejado subraya esta disolución de la protagonista en otra dimensión de la realidad.
El film se centra a partir de aquí en las consecuencias emocionales de este fallecimiento inesperado en los tres protagonistas restantes. Cuando, un año después, Lux regresa a Berlín tras haber pasado una temporada fuera, se da cuenta de que no ha podido superar todavía la muerte de Jessie, de la que se siente culpable. Y acompaña a Ella y Melli en sus vacaciones en Tenerife. Wollner filma las Islas Canarias como un territorio de extrañamiento, más cercano a un paisaje liminal (las piscinas marítimas, el espléndido faro brutalista, los paisajes propios de un fin del mundo…) que a un resort turístico. Pero esta segunda parte de la película da excesivas vueltas sobre el vacío que sienten los personajes, hasta que decide adentrarse en el terreno del unheimlich, lo siniestro, cuando Melli encuentra una niña aparentemente sola con una parecido extraordinario con la Jessie de esa edad. A partir de aquí, los acontecimientos toman un camino entre lo irreal y lo inverosímil hasta que el sol vuelve a cobrar el protagonismo.
Existe en Everytime una clara vocación de desplegar los vínculos con el trauma, con la ausencia y con la posible existencia de otra dimensión que se escapa a nuestra percepción habitual, desde estrategias cinematográficas propias de las artes visuales y del cine experimental: el juego con las escalas, las distancias y los puntos de vista no humanos; el cierto vaciado narrativo; la recodificación del paisaje; y el poderío visual que cobran unos instantes precisos, ligados al protagonismo del sol. Wollner también juega con lo inquietante, con esa zona gris entre lo familiar y lo extraño: aunque no funciona tan bien la posible ‘reaparición’ de la niña, como la escena en que la madre contempla el mismo contraplano de la ruta del tranvía que se quedó observando su hija la noche de su muerte, en una conexión entre ambas a través de la mirada. Trufada de ideas audiovisuales muy potentes, a Everytime le falta sin embargo un entramado que las sostenga sobre todo en su segunda mitad, en que Wollner parece tener claros sus objetivos, pero no tanto cómo llegar a ellos.








