Felipe Gómez Pinto

Acorde con Jacques Lacan, “lo real está en la letra” porque es el soporte material de lo abstracto, aquello que puede designar lo real. Mientras que lo simbólico se relaciona con el lenguaje —la escritura—, las imágenes representarían un maleable imaginario colectivo. Esta diferenciación determinaría que lo ‘real’ es aquello que se resiste a ser figurado por estos dos registros. La poesía (la letra) visual desplegada en las imágenes del realizador franco-iraquí Abbas Fahdel, actúa como un lugar donde el registro de lo real, la guerra, irrumpe en el campo del lenguaje, especialmente en el inconsciente, para funcionar como un poderoso espacio de memoria y resistencia. Tal y como ya sucedió en su ópera prima, Retour à Babylone (2002), Fahdel crea una desgarradora crónica alrededor de la devastación, el regreso al hogar y la reconstrucción por medio de la solidaridad colectiva. A través de la perspectiva de su esposa y productora, Noor Ballouk, y la hija de ambos, Caroline, se iniciará un intenso proceso de regeneración y duelo después de sesenta días de bombardeos por parte de Israel a su aldea natal, Nabatieh, situada al sur del Líbano.

Desde la secuencia inicial, se vislumbra cierto carácter sacramental, incluso espectral, en las tomas aéreas que siguen a la población durante los funerales de los mártires (la población que optó por quedarse y resistir). De este modo, se genera una cuidadosa estructura circular cimentada en un montaje que va de lo general a lo particular. El avance titubeante de la cámara convive con las elipsis representadas en los poemas del propio director, afianzando la multiplicidad experiencial y el alcance que puede tener la destrucción de todo lo conocido. Precisamente, esta amalgama visual encuentra su máxima contraposición en las miradas de Caroline y su madre. La primera representa la inconsciencia y el juego. La segunda analiza las consecuencias de la masacre para poder alcanzar la energía política suficiente que logre movilizar a toda una comunidad y así poder hallar, en el susurro de la lucha, el legado de la tierra, la dignidad y la resiliencia.