Àngel Quintana
Existen diferentes narrativas en torno a los casos de asedio y abuso de poder sexual que, a veces, conducen hacia relatos más que previsibles. Sorry, Baby podría ser uno de estos relatos. Una chica que está haciendo una tesis de literatura en una universidad estadounidense, se reúne con su director en su despacho de la para realizar tutorías. Un día el profesor no puede recibirla en el despacho y la convoca a su casa. Una vez presentado el caso, la continuación sería previsible: puede desembocar en una investigación y lucha contra los poderes universitarios o puede ser un reflejo del trauma de la víctima. Pero la película de Eva Victor –premiada en el Festival de Sundance– rehúye ambas vías y desconcierta. La cineasta habla del dolor de la víctima, lo expresa de manera muy clara y convincente, sin caer en la victimización. El profesor abusador desaparece en la primera parte de la película. Lo que le interesa a Eva Victor es mostrar cómo la protagonista puede continuar con sus amistades, con una relación amorosa con un joven vecino o incluso con su carrera universitaria; cómo se crean una serie de círculos vitales en torno a la protagonista y cómo esta asume la imperiosa necesidad de seguir adelante sin caer en el vacío. Finalmente, se trata de una película que rehúye la condición de obra de tesis, pero no la denuncia de un cierto estado de las cosas en el interior de una universidad donde los hombres ejercen su poder hasta llegar al abuso.








