Cristina Aparicio

Shape of Momo es una bifurcación constante, es la llegada a un cruce de caminos donde resulta inevitable la toma de decisiones. Uno de los planteamientos del film tiene que ver con la reconocible disyuntiva de trabajar o seguir formándose, una cuestión que en su base está atravesada por la clase social, la cultura o el género. A veces, cursar estudios superiores se entiende como poner en pausa la vida, o, dicho de otro modo, iniciar la entrada en la edad adulta. Así, formar una familia, casarse o tener hijos (cualquiera de los hitos a alcanzar marcados en la hoja de ruta de la sociedad normativa) son eventos que pueden verse afectados directamente por una toma de decisiones que no tienen demasiada relación. En el caso de las mujeres, además, el dilema está totalmente condicionado por el lugar que les ha sido asignado por el patriarcado, donde los estudios universitarios (todavía y sobre todo en ciertas regiones del planeta) pueden entenderse como cierta forma de sublevación al esquema machista que organiza la vida. Una de las virtudes de Shape of Momo tiene que ver con la sutileza con que la cineasta incorpora destellos de este machismo en la narración: a través del lenguaje, los personajes van reflejando su pensamiento, una filosofía aún basada en la diferencia entre hombres y mujeres. Entran en conflicto la tradición y la modernidad, lo rural y lo urbano, lo masculino y lo femenino. Contra esta visión dual se impone la mirada de la cineasta que sitúa en el centro del conflicto a una familia integrada por mujeres. Tres generaciones que evidencian la pluralidad de estilos de vida que pueden convivir bajo un mismo techo. Tribeny Rai huye de los absolutismos, evitando cualquier tipo de juicio moral sobre la vida de sus personajes. Qué hipócrita sería caer en el adoctrinamiento o marcar una dirección en una película como esta, un alegato sobre la necesidad de decidir libremente y, sobre todo, de vivir desprogramadas.