Carlos Losilla
En las primeras películas de Luc y Jean-Pierre Dardenne, el conflicto sigue un orden que va de unas primeras imágenes confusas y desordenadas –el famoso seguimiento de los personajes por la espalda, por ejemplo: el plano-nuca– a otras en las que se alcanza una cierta armonía. Esta puede tomar la forma de una redención, de un reconocimiento, de una epifanía, pero en cualquier caso siempre supone un punto de llegada, una conclusión, por provisional que sea. En sus últimos filmes, sin embargo, o bien este esquema se petrifica hasta la inmovilización, lo que se acostumbra a llamar ‘fórmula’, o bien adquiere otro sentido, un desbordamiento que quiere ser más discursivo, como si los Dardenne fueran demasiado conscientes de que se han convertido en los adalides de un ‘nuevo realismo social’ que precisamente nació con ellos. Recién nacidas va por ese camino: he aquí una película que se divide en muchos fragmentos para intentar devenir ‘fresco’, una visión total del tema que aborda.
Ese tema es también explícito: las jóvenes madres solteras, el papel de los servicios sociales, las historias familiares que hay detrás. Y, por supuesto, un trasfondo que responsabilice al ‘estado de las cosas’ de lo que ocurre en ese ámbito. Si Rosetta (1999) o El hijo (2002) sabían compatibilizar lo individual y lo colectivo, el personaje y el contexto sociopolítico, en una textura indisociable, Recién nacidas procede más bien por inducción. A partir de unos cuantos casos particulares, se quiere llegar a determinadas conclusiones. Según los ejemplos de cuatro jóvenes madres, o que van a serlo, y que reaccionan de forma distinta a su situación, se pretende ‘decir’ algo acerca del tema. Ya no son los personajes, los cuerpos, ni siquiera la cámara, quienes ‘dicen’, sino el decir mismo, la voluntad de decir. Eso es especialmente complicado en una película donde –de nuevo, como en varios films de esta competición vallisoletana– lo más importante es el vacío, lo que no se dice, lo que se halla situado en los intersticios entre las historias de esas chicas. Pues si algo conserva el cine de los Dardenne es su compromiso con una clase social no precisamente favorecida, con las jóvenes al margen, sin demasiadas salidas profesionales, ni siquiera vitales. Es decir, con muchachas que parten de una carencia previa, de un vacío. Y que, al verse enfrentadas con un cierto exceso del discurso –hasta desde el género: un cierto exceso melodramático, se podría decir– se ven ensombrecidas, relegadas a un segundo plano que no merecen.











