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Protagonizadas sucesivamente por una joven terapeuta, su hermano, su marido y un inspector de policía, las cuatro historias que narra la nueva y ambiciosa película de Cristi Puiu (La muerte del Sr. Lazarescu, Aurora, Malmkrog) se vinculan entre ellas de manera apenas anecdótica en lo argumental, aunque sí por vía subterránea y metafórica, a lo largo las de dos horas y cuarenta minutos que transcurren encapsuladas en larguísimos planos secuencia y que desembocan en la verdadera gran película que constituye, por sí mismo, el cuarto y último relato. El primero de esos planos dura casi cuarenta minutos y es el único encuadre con el que el director filma, como nudo central, la divertida conversación entre la peculiar terapeuta y su no menos singular clienta en el primer segmento del film. El segundo y el tercero aportan lo menos interesante de la propuesta: uno, por su planificación (más analítica, pero apenas reveladora) y por lo insustancial de la conversación entre la terapeuta y su hermano; el segundo, porque resulta plano y aséptico, porque no sucede prácticamente nada en la imagen a lo largo de otra conversación –entre el esposo de la terapeuta y un compañero de trabajo– que Puiu vuelve a filmar en un único plano secuencia. Finalmente, el cuarto se adentra en las entrañas más negras y feroces de la pobreza, en la mercenaria explotación sexual de las mujeres y en los crímenes más atroces que cabe imaginar mientras acompañamos la investigación de un inspector de policía encargado de interrogar a una mujer a la vez víctima y verdugo de aquella coyuntura. En esa conversación aparece el gran cineasta que es el rumano, el frío y riguroso diseccionador de universos cerrados sobre sí mismos, ya sean estos históricos, sociales o puramente mentales. Solo por esta última y estremecedora pieza, MMXX (un título que alude al año 2020 y a la pandemia que genera el confinamiento en el que transcurren, sobre todo, las tres primeras historias) se eleva como una obra realmente valiosa, muy desigual en su conjunto, pero capaz de radiografiar con enorme poderío lo más negro y atroz del patio trasero de la próspera y engañosa Europa. Carlos F. Heredero