Àngel Quintana

En un momento de duda y angustia ante el secuestro de su sobrino, David (Denzel Washington) pide ayuda a James Brown, Aretha Franklin y Jimi Hendrix que están en el muro de la fama de su elegante piso de Manhattan. David es un productor de éxito que durante los primeros años del nuevo milenio ha sabido atrapar los nuevos aires del negocio musical, ganando unos cuantos Grammy. Al inicio de la película, David se debate entre vender las acciones de su compañía a otra más potente que va a invertir en el mundo de la inteligencia artificial aplicada al negocio de la música. Todo bascula cuando se produce un secuestro. Spike Lee empieza planteando una serie de dudas sobre la música actual, el negocio y los caminos del éxito para derivarlo todo hacia un thriller frenético sobre un secuestro, una confusión y un rescate. Un secuestro que tiene su momento estelar en una gran escena de persecución por el metro neoyorquino, mientras un grupo puertorriqueño canta frente al Yankee Stadium. Spike Lee deja claro que va a jugar a las reglas del thriller, pero que lo que más le interesa es otra cosa, pensar desde la madurez con ironía sobre lo que queda de la música. El thriller es el pretexto que mantiene la intriga, pero lo más interesante de la película son las notas a pie de página, las salidas irónicas y la mirada crepuscular que transita entre las imágenes. Highest 2 Lowest acaba siendo una película que empieza sobre unas imágenes de Manhattan mientras suena el sonido melódico de It’s a Beatiful Day y termina con una chica luciendo su voz ante el piano, en medio de este camino que conduce hacia el clasicismo musical. Spike Lee no cesa de reflexionar sobre el hip hop en el mundo actual y los diferentes destinos de la música negra. El resultado es desconcertante, si pensamos que Haz lo que debas (1989) fue una película realizada a ritmo de hip hop y que Highest 2 Lowest es una película en la que desde la madurez parece plantearse cómo volver a las raíces para salvar toda una tradición.