En Flora no es un canto a la vida (2018), la tía del cineasta Iair Said le confiesa por videollamada: “He pensado que estoy a punto de morir, pero no quiero morir sola”, mientras la webcam registra la expresión atenta de Said a las palabras de la mujer. Seis años después de capturar, en clave documental, las ansiedades de Flora, el argentino retoma la ficción y coloca su cuerpo desnudo en el preludio de una suerte de confesión acerca del dinero exigido por el sector funerario, la bilocación del hogar tras una precaria y distante partida, y la socialización avergonzada de un hombre homosexual en su provincia natal.

El argentino arma un late coming of age en el que David, tras ser informado del fallecimiento de su tío, vuelve al hogar y gira este relato autobiográfico hacia la introducción de un protagonista coral, matriarcal y judío constituido por su madre, Dora, y sus tías, Silvia y Elisa. Un manuscrito canalizador y una película bálsamo ante la pérdida de su padre que, desde la comedia negra, retrata el costumbrismo familiar crítico ante el peso del cineasta, maniático con los desechos alimenticios y ritual a la hora de bendecir la mesa. Lo mundano se tiñe retorcido en la intimidad mientras Said huye del ansía simplista por construir minorías modelo: David, envuelto en una soledad insalubre, engaña a su vecino para que le acoja, le ofrezca ropa y le permita pasar a su baño, donde se masturba en silencio con la nariz metida en las prendas del otro.

A horas tempranas de la mañana, volviendo de una fiesta, David sufre un accidente y queda postrado en la acera, mientras la cámara, en un primerísimo primer plano, se detiene varios segundos en su rostro abotargado y confuso. Un acercamiento a la muerte con los labios embarrados por el pintalabios azul de su sobrino, ecos jocosos del tono propio de los cadáveres, y una resurrección que suscita el encuentro con un padre en coma y una madre digna ante la vida en un apartamento vacío. Las palabras de Dora resuenan: “Qué caro es morir” mientras el pitido de los monitores cesa con un sencillo gesto, y las de Flora retumban, mientras David, tumbado en la cama de matrimonio de sus padres, reconoce el olor de la colonia del difunto en la almohada.

Elena del Olmo Andrade


Argentina, Italia, Suiza, 2024 Guion: Iair Said Montaje: Flor Efrón
Fotografía: Giovanni Cimarosti Intérpretes: Antonia Zegers, Iair Said, Rita Cortese, Juliana Gattas
Distribución: A contracorriente