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El individuo existe mientras es recordado. Esa es la premisa de Last Shadow at First Light, una historia de fantasmas que ahonda en la catástrofe de los tsunamis y sus devastadoras consecuencias. El recuerdo puede ser un muro que impide avanzar, pero también la forma de venerar a los que ya no están. El primer largometraje de Nicole Midori Woodford se sitúa entre esos dos polos: en el limbo que separa la vida y la muerte, la realidad y la ficción, el sueño y la vigilia. Una atmósfera onírica y fantasmagórica barniza este relato de culpas, de cuentas pendientes que salen a la luz de forma casi tangible. Así, el parpadeo de los fluorescentes o la trayectoria que dibujan las luces sobre el espacio (y que ofrece una de las imágenes más hermosas y singulares del film, como haces de luz que serpentean y centellean con un fulgor candente) sirven para mantener con vida a aquellos que quedaron atrás. Una presencia lumínica que confirma su existencia, que clama por ser vista y sentida, y que desafía a las leyes espaciotemporales del olvido. En definitiva, una constatación de que todo aquello que habita en las sombras (ya sean entidades imaginadas, soñadas o pensadas) es parte de uno mismo, de lo que configura la identidad y la memoria. Cristina Aparicio