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El primer largometraje de la cineasta canaria Macu Machín se acerca a lo íntimo desde esa rica y siempre sugerente hibridación que combina lo documental con la ficción. Machín vuelve a la isla de La Palma donde nació para registrar momentos de la vida de su madre y sus dos tías con la intención no solo de mostrar un modelo de vida (el del trabajo del campo) en proceso de desaparición, sino también para conectar una naturaleza en ebullición (la erupción del volcán de Tajogaite funciona como sutil pero profundo telón de fondo) con los conflictos familiares enquistados (en este caso por un asunto de herencias sin resolver). Pero más allá de la trama, la película de Machín se acerca a las tres mujeres protagonistas desde el respeto que otorgan las largas secuencias y la cercanía de los primeros planos para recoger los pequeños gestos y los silencios, pero también la fragilidad y las emociones contenidas.

Y mientras el paisaje, la naturaleza de La Palma donde se rueda el film, casi como cuarto protagonista, juega un papel esencial en la búsqueda de un retrato de la isla que, mucho más allá del tópico turístico, se acerca a un sentido del lugar que conecta con la memoria de quien lo habita y quien lo trabaja. Es el paisaje íntimo que dialoga con la vulnerabilidad, el amor y la fragilidad de las protagonistas y su entorno.

Jara Yáñez