Print Friendly, PDF & Email

Una de las mejores noticias de los últimos años en Cannes es el giro experimentado por la sección de clásicos restaurados Cannes Classics, cada vez más abierta a presentar en sociedad (el principal festival del mundo) no solo las grandes obras maestras de las principales cinematografías del mundo sino también cineastas mucho menos conocidos, gracias en buena medida al impulso que distintas instituciones o distribuidoras dan a la difusión de esos otros cines habitualmente marginados en los cánones tradicionales. Este es el caso de la ópera prima del filipino Mike de Leon, Itim, de 1976, restaurada por el British Film Institute y que Cannes Classics ha presentado en conjunción con la distribuidora francesa Carlotta Films como avanzadilla de un paquete de películas de De Leon que lanzará en los próximos meses. Cosas absolutamente normalizadas en Francia.

La presentación corrió a cargo de un representante de Carlotta Films y uno de los coguionistas de la película, que recordó dos aspectos muy importantes. El primero, el carácter primerizo de esta producción en la que los puestos más importantes estaban ocupados por debutantes: guionistas, director de fotografía, actor principal, además del propio Mike de Leon. El segundo, la influencia que había ejercido Blow Up en la concepción de Itim, lo que en un primer momento puede resultar un tanto sorprendente si tenemos en cuenta que nos encontramos ante un propuesta de género, un thriller psicológico con derivaciones fantásticas con reminiscencias de Argento, el De Palma de los setenta o incluso el Hitchcock de Marnie, la ladrona. Además de Antonioni, por supuesto, pues su protagonista, Jun, es un fotógrafo que descubrirá el misterio de la desaparición de una mujer (y que implica a su padre) gracias a una secuencia en la que lleva a cabo varias ampliaciones de una fotografía. Pero Itim interesa sobre todo por otras cuestiones ajenas a los referentes cinéfilos occidentales, desde esa ambientación de marcado carácter religioso, en plena Semana Santa, a toda una serie de elementos que contribuyen a enrarecer el ambiente: el padre en silla de ruedas habitando una decadente mansión, la vidente, Teresa, poseída por el fantasma de su hermana… Una película que acumula capas de sentido y que prueba, una vez más, que la Historia del Cine aún está por escribir.

Jaime Pena