Àngel Quintana
Hope no es el título de una película sobre la esperanza, sino el nombre de una pequeña población coreana devastada por una amenaza desconocida. En las primeras imágenes vemos a Bum-seok, un oficial de policía local, examinando cómo los terneros de una granja de la zona han sido atacados por una hipotética bestia de enormes dimensiones. Poco a poco, nos adentramos en un paisaje en ruinas, donde farolas, ladrillos, cristales, puertas, ventanas y coches vuelan por los aires. Algo monstruoso está arrasándolo todo, aunque todavía no llegamos a ver qué ha provocado el inicio de este posible apocalipsis. A medida que la investigación avanza, empiezan a aparecer cadáveres y supervivientes heridos, pero el misterio permanece intacto. No es hasta pasados cuarenta minutos de metraje cuando irrumpe en pantalla una criatura monstruosa de unos cuatro metros de altura con aspecto de indio espectral, atrapada en un ataque de furia, a la que el policía deberá perseguir. Todo queda entonces preparado para una persecución desatada y frenética que introduce al espectador en una puesta en escena absolutamente delirante.
Na Hong-jin firma aquí una película ambiciosa –la producción más cara del cine coreano hasta la fecha– que funciona como uno de los ejercicios de acción y persecución más intensos, brutales y espectaculares vistos en pantalla desde Mad Max: Furia en la carretera (2015), de George Miller. Todo en Hope se mueve hacia el exceso. Hay persecuciones imposibles, explosiones desmesuradas y secuencias llevadas constantemente al límite. El gran logro de la película reside precisamente en ese movimiento frenético y casi inagotable, capaz de combinar con una fluidez asombrosa las criaturas creadas digitalmente con el trabajo físico de los especialistas y dobles de acción. La sensación de velocidad, impacto y caos está coreografiada con una precisión extraordinaria, convirtiendo cada persecución en un juego de movimiento perpetuo.
En algunos momentos, la acción se detiene brevemente para permitirnos descubrir qué se esconde tras ese primer monstruo eliminado tras una hora de película. Como era de esperar, las criaturas no tardan en multiplicarse y descubrimos que su origen procede de otro planeta. La obra deriva entonces hacia una gran epopeya de ciencia ficción con emperadores, príncipes y personajes empeñados en alterar el destino de la humanidad. Todo apunta, además, a que Hope ha sido concebida como el inicio de una hipotética franquicia de tres capítulos, un universo que Na Hong-jin parece dispuesto a expandir hacia territorios cada vez más desmesurados y apocalípticos. En un momento en que el cine de acción estadounidense parece atrapado en fórmulas agotadas y franquicias incapaces de reinventarse, Hope surge como un intento de arrasarlo todo: una película que lleva el cine de acción hasta el límite absoluto del exceso y el delirio visual.








