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De nuevo el cine norteamericano está envejeciendo, como le suele ocurrir cíclicamente. Y si a la generación de Scorsese y Schrader, los últimos épicos, le sucedió la de Paul Thomas Anderson y Fincher, que todavía conservan una cierta grandeur, a esta le sigue la de los Safdie, que digamos que se toman las cosas de otra manera, aunque toquen temas parecidos. No es casual, de este modo, que Sean Price Williams, el director novel de The Sweet East, sea el responsable de la fotografía de Good Time (2017), como en una especie de línea hereditaria. Así ha sido desde siempre en el cine de allí. Y desde siempre, igualmente, el tema es el ‘mito de América’, qué ha sido de él: como sucede en la novela, todo cineasta estadounidense que se precie debe hacer su great american movie. Pues bien, eso quiere ser también, aunque no lo parezca, The Sweet East, por mucho que ya no quede nada de épica. De ahí que el protagonismo recaiga sobre una adolescente que atraviesa la Costa Este dejando ver el estado de la nación en una especie de relato picaresco que incluye neonazis sensibles, cineastas underground, activistas más bien torpes, masacres indiscriminadas… Atropelladamente episódica, entre la caricatura grotesca y las alusiones a Poe o Thoreau, entre el folletín mudo y el feísmo despreocupado de cierta vanguardia de los 60-70, The Sweet East  mezcla a Lewis Carroll con el Rivette de Céline y Julie vont en bateau –está escrita por un crítico, Nick Pinkerton– para saltar al otro lado del espejo y contemplar, a pesar de todo, qué queda del american dream. Pues Price Williams es un cineasta más serio de lo que parece y su película convierte el realismo en alucinación y así deja en evidencia que en su país ya no existe un tiempo histórico, ni siquiera mítico: solo un difuso sentimiento melancólico que consiste en aceptar finalmente una realidad ingobernable, como en un film de Minnelli, pues no en vano empieza como un musical. The Sweet East es una de las películas estadounidenses más importantes de los últimos tiempos, una de esas que revelan el ‘estado del cine’ de allá mucho más que cualquier producción al uso. Carlos Losilla