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Todos los elementos de la ficción romántica parecen darse cita en esta película para combinarse de otro modo, para dar lugar a un relato que muchas veces no lo parece, disgregado como está en una serie de planos y gestos a la vez aislados y con inequívoca voluntad de reunirse con otros, como los dos protagonistas, como las semillas que uno de ellos encuentra en su bolsillo, como los diferentes tipos de musgo que la otra estudia con minuciosidad. Here podría ser una película sobre la inmigración, centrada en un obrero de la construcción rumano y una bióloga oriental que cruzan inopinadamente sus caminos en Bruselas, poco antes de que el primero regrese a su país natal con motivo de unas vacaciones. Sin embargo, Bas Devos prefiere realizar un film que va más allá, que habla de la soledad y del desarraigo, de la necesidad de contacto no solo entre él y ella, sino también entre el cemento y la vegetación, entre la ciudad y el universo natural. La sopa que él cocina a partir de unos cuantos vegetales recorre el relato, pasa de mano en mano como si se tratara de un regalo itinerante que todos deben aceptar y degustar. Y una bella secuencia en un bosque detiene el tiempo para que los protagonistas y la narración también se estanquen, se pierdan y se reencuentren, evoquen la posibilidad del misterio y lo maravilloso en el corazón de la gran ciudad. A partir de un esquema clásico, de la espera y el tiempo muerto que posibilitan el encuentro inesperado, el cuarto largo de Devos convoca la aventura entendida como sublimación de la cotidianeidad, como conciliación de contrarios. Puede, en fin, que su elogio de la inocencia y la ingenuidad resulte a veces un tanto impostado, o eso le pareció a veces a este crítico, pero el encanto que desprende es innegable. Carlos Losilla