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Las líneas de un cuaderno tienen una función clara: evitar que se tuerza la escritura. La cuadrícula es la forma en que se consigue un trazo ordenado, bien organizado en el espacio de manera que nada se amontone, que se pueda seguir la línea recta. Daichi Murase cuadricula el plano como si de las hojas de un cuaderno se tratase (al fin y al cabo, filmar es escribir con la cámara) y lo hace con las múltiples líneas verticales y horizontales de ventanas, puertas y demás elementos arquitectónicos de los espacios en que filma. Así, los personajes aparecen situados sobre una especie de plantilla, de guía, a modo de red de seguridad que pauta el camino a seguir. Un espacio que a su vez ya está limitado por el formato cuadrado, una elección formal que encorseta a sus personajes y los confina dentro de su pequeño mundo. Kiri no fuchi, (título original cuya traducción sería ‘más allá de la niebla’) propone una manera muy particular de entender el devenir de la historia a través del movimiento de la cámara: el plano fijo para plasmar un presente en pausa e incierto, y la cámara en mano como forma de reencontrarse con un pasado imaginado. Para ilustrar el futuro, el cineasta se reserva la dimensión simbólica: la presencia del río supone una ruptura del cruce de líneas geométrico, de esa cuadrícula en la que se mueven los protagonistas. Una presencia ondulante que fluye fuera del plano, indicando que otros caminos son posibles. Cristina Aparicio