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Repetición de la fórmula creativa de Chico y Rita (2010), la nueva colaboración entre Fernando Trueba y Javier Mariscal utiliza los dibujos del segundo como máscara de lo que en realidad no deja de ser un documental sobre la desaparición de un famoso pianista de la Bossa Nova brasileña (Tenório Júnior), en el que algunos supervivientes de la misma todavía vivos (Milton Nascimento, Toquinho, Caetano Veloso, Chico Buarque…) y otros ya desaparecidos (una nómina ilustre, entre los que se cuentan Antonio Carlos Jobim, Joao Gilberto o Vinicious de Moraes…) son entrevistados por un personaje de ficción (Jeff Harris, transparente alter ego de Trueba) para escribir un libro que inicialmente debía tratar sobre aquel movimiento musical y que, poco a poco, se transforma en una investigación sobre la figura del pianista que da título al film, una especie de eslabón entre la Bossa Nova y el jazz moderno para la historia de la música. Aunque el color y los dibujos de Mariscal resultan hermosos en los planos estáticos y de conjunto, la película desvela lo muy limitado de su animación en cuando las figuras empiezan a moverse, pese a lo cual la encuesta que conduce Harris (al que presta su voz Jeff Goldblum, quien ya fuera protagonista de El sueño del mono loco en 1989) sirve para dar a conocer la figura de un músico hoy olvidado que resultó víctima de la barbarie asesina de la dictadura argentina en 1976. Demasiado discursiva en su acumulación de entrevistas (una fórmula más propicia para el reportaje documental), Dispararon al pianista deja sin resolver, en términos cinematográficos, la pregunta más inquietante: por qué se ha utilizado el formato de la animación para dar forma a un relato que podría haberse defendido perfectamente en el territorio del cine de imagen real, a la vez que siembra dudas sobre su protagonista ficcional, un escritor norteamericano que, al parecer, no se había enterado absolutamente de nada de la Historia de Latinoamérica en los años setenta y tampoco, claro está, de la implicación de su país en las sangrientas dictaduras de aquella época, amparadas y en buena medida organizadas por la CIA. Carlos F. Heredero