Elsa Tébar
En Ceniza en la boca la experiencia migratoria se convierte en una forma de soledad que no depende tanto de la distancia geográfica, como de la imposibilidad de encontrar un lugar propio. El guion destila la novela de Brenda Navarro hasta quedarse con su núcleo migratorio y afectivo en una operación de sustracción que universaliza el relato sin convertir a su protagonista en un mero símbolo. Lucila llega a Madrid desde México acompañada de un hermano pequeño para reencontrarse con su madre, que emigró allí hace años. Con la intención de abrirse camino en un entorno que pronto revela las dificultades de la supervivencia cotidiana, la joven encarna la fragilidad de quien se encuentra en tierra ajena. La cámara permanece siempre pegada a la protagonista, acompañándola en sus desplazamientos y mostrándola de espaldas de manera recurrente para que la precariedad se exprese a través del cuerpo, de sus trayectos y su movimiento incesante. La dificultad para subsistir adquiere así una dimensión formal. Lucila encadena trabajos en los que la falta de empatía de quienes la contratan revela una estructura social que la necesita pero no la reconoce.
El también actor y productor Diego Luna regresa en su nuevo largometraje como director a una escala más íntima y contenida, entendiendo de manera precisa la distancia justa con sus personajes, alejada del sentimentalismo pero sin caer en la frialdad y el análisis quirúrgico y meramente documental. Y es en la contradicción de moverse para permanecer en realidad en el mismo sitio, donde el film encuentra una de sus principales claves. El sentimiento de desarraigo se articula mediante una paradoja: aunque todo en la película implica desplazamiento, nada parece conducir realmente hacia delante. Las maletas y los viajes conviven con una sensación de estancamiento que demuestran que el movimiento, en definitiva, no siempre equivale a transformación. Y el trayecto de Lucila termina revelándose menos como un camino hacia algún lugar que como la representación física de una espera carente de esperanza.











