Cristina Aparicio

Con el descontento de la lucha obra arranca el largometraje de Irati Gorostidi Agirretxe Aro berria. Un prólogo que culmina con una votación que provoca el cese de la huelga de los trabajadores de una fábrica y, de paso, con el idealismo de los más inconformistas. Esa decepción (que es a la vez la trama del cortometraje Contadores, filmado por la directora dos años antes) es la que explica, en parte, los movimientos sociales revolucionarios que abogaban por un estilo de vida alternativo, comunitario, natural: precisamente los pilares sobre los que se construyó una iniciativa como la comunidad tántrica Arco Iris. Aro berria es el resultado de años de investigación, un proyecto personal o necesidad biográfica (en palabras de la propia cineasta), que parte del vínculo familiar que Gorostidi tiene con este movimiento surgido en Navarra durante la década de los ochenta. Así, de su propuesta artística Yo, la peor de todas, de exploración identitaria y cuestionamiento de los saberes hegemónicos, surge esta arriesgada película que reconstruye algunas de las experiencias que tuvieron lugar en Arco Iris y de las que hay poca información publicada.

Más allá de su valor testimonial, Aro berria es una provocación, un desafío visual que sacude la mentalidad acomodada y de clase que concibió la Transición y se impuso en sociedades como la española. Gorostidi, en cambio, se atreve a mirar donde otros no son capaces de asomarse, hacia aquello que incomoda y que tiende a ocultarse en los episodios oscuros de la Historia. En el centro de Aro berria, una carpa de circo condensa la dialéctica sobre la que se erige la cinta: por fuera un espacio que remite a la idea de espectáculo itinerante, un símbolo decadente y anticuado que se aleja de lo mágico y se aproxima a lo esperpéntico. Por dentro, el rojo intenso de la lona es el fondo en el que se muestran los cuerpos de los integrantes del movimiento durante sus sesiones tántricas, en las que parecen haber trascendido lo terrenal y llegado a una dimensión alternativa. En realidad esta dicotomía dentro-fuera que ofrece la gran carpa alude al posicionamiento que se puede adoptar ante comunidades como esta. Porque siempre se dan esas dos opciones: mantenerse ajeno a otras realidades o intentar comprender su existencia. A veces hace falta la voluntad de quien con su cámara saca a la luz lo escondido y lo hace formar parte del presente.