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Bresson convirtió en Un condenado a muerte se ha escapado (1956) el relato de un preso en un símbolo de una resistencia colectiva. Sofia Bohdanowicz, Burak Çevik y Blake Williams, reinterpretan en A Woman Escapes este deseo de escapar, desde el duelo, la soledad y la memoria compartida. Se parte de una ficción: Audrey, interpretada por Deragh Campbell, habitual en el cine de la directora canadiense, recibe la correspondencia fílmica de Burak y Blake, desde Turquía y Australia, respectivamente. La autorreferencialidad al cine de Bohdanowicz se hace evidente en la introducción de este personaje femenino que funcionaba en películas como Ms Slavic 7 (2019) como un alter ego de la directora y en el tema, el duelo y la muerte, que ya exploraba en Point and Line to Plane (2020). Pero A Woman Escapes parece plantearse como una continuación de su último largometraje, Maison du bonheur (2017), retrato fílmico de Juliane, y que en esta nueva película se conoce ha fallecido. Partiendo del universo cinematográfico de Bohdanowicz se llega a la colaboración a través del epistolario fílmico, y aquella pérdida individual, la de Audrey, se hace en A Woman Escapes una pérdida común en un intento de demostrar el deseo de acompañamiento en el duelo. La pieza resultante la conforman fragmentos grabados en 16 mm, en digital 4K y en 3D, dando lugar a un collage de texturas heterogéneas que enfatizan la naturaleza propia de la correspondencia y el ensayo fílmico, su forma inacabada en espera a recibir una respuesta, en este caso de Audrey.

En un primer momento no hay reciprocidad, de hecho, atendemos a un personaje pasivo que habita un espacio que no le corresponde. Se ve a Audrey tumbada en la cama, fumando en la terraza y regando las plantas en un intento de paliar su muerte inevitable cuando ella se marche. Aquella mansión rebosante de vida que aparecía en su anterior película ahora es un limbo lleno de tiempos muertos y acciones inacabadas. No obstante, Audrey va participando paulatinamente en la imagen. Primero, grabado con la cámara 3D de Blake, a quién dirá que aunque ella no aparece en la imagen, solo es capaz de verse a sí misma. Audrey dejará de ser el sujeto al que la cámara graba para ser ella la creadora de imágenes. Y segundo, se apropiará de la memoria, sueños e imágenes de sus amigos. Los hace suyos al volver a grabar las voces y reeditar los vídeos, la infraestructura del editor de vídeo cumplirá entonces la misma función que la cámara. El recuerdo de infancia de Blake creado por Google Maps será de Audrey cuando se lo mande a Burak, y la soledad experimentada por una ruptura romántica de Burak también pasa a pertenecerle. Audrey está en esas imágenes que no son suyas en las que es incapaz de no verse reflejada. En este mapa de correspondencias fluctuantes toda imagen y sonido es colectivo, enfatizando el cine como artefacto de colaboración. A través de la fragmentación de las narrativas individuales, aquello que Nam June Paik, artista al que Blake investiga, llama producción por destrucción, A Woman Escapes crea algo nuevo lleno de curiosidad y emoción. La colectivización de la imagen es la forma que los directores encuentran de escapar y resistir a sus recuerdos, al dolor y la soledad. Como le dice Burak a Audrey “la flor es lo que la semilla olvida”. A Woman Escapes es su flor, todo aquello que materializan en imágenes para compartirlo, acompañarse, sanar y quizás en un futuro olvidar. Ana Jiménez


La necesidad de perderse para encontrar una nueva versión de una misma y valorar lo cotidiano que nos rodea es la idea principal que se propone en el film A Woman Escapes (Sofia Bohdanowicz, Burak Çevik y Blake Williams). En ella, tres cineastas comparten impresiones y reflexiones mediante correspondencia e invitan al espectador a perderse en su camino de desarrollo personal.

La película se inicia con títulos en color azul, que muestran los saltos temporales en los que se divide el film y en el que se muestra el estado personal y emocional de la protagonista. Estos títulos en azul muestran una mirada y una situación circunstancial unida al ser querido de la protagonista que fallece, pues tras los títulos la observamos maquillándose los ojos de azul en una clara relación de color con los títulos. A medida que la protagonista avanza en su viaje personal, los títulos se tornan violetas y finalmente rojos, mostrando el tránsito emocional que parte de la tristeza y avanza hacia la calidez y superación en relación a este fallecimiento. De esta forma, los títulos y el color se vuelven una herramienta que no solo funciona como elemento estructural, sino como indicador emocional.

Utilizan estos mismos colores los cineastas como herramienta dimensional, pues la película contiene escenas 3D y ambos colores, el azul y el rojo, se corresponden con los colores utilizados en esta técnica perceptiva. Las secuencias en 3D nos introducen en espacios multitudinarios, como puede ser un aeropuerto, para introducir al espectador en un ambiente alienante, o en espacios limitados y solitarios en los que percibimos la melancolía de la protagonista y su ejercicio de introspección, como por ejemplo cuando la acompañamos en su viaje en autobús. Al tratar la película de viajes emocionales y ejercicios de introspección, el 3D nos acerca a los personajes, a su percepción sensorial de los espacios y nos hace acompañarle a través de la línea espacio temporal que dibuja el film, por lo que la técnica encaja a la perfección narrativamente y potencia aún más el mensaje de la película.

Por último, la sucesión de los planos detalle de gestos cotidianos y elementos diarios que conforman gran parte de la película, así como la leve aceleración en el ritmo de sucesión de los mismos a medida que avanza el film ayuda al espectador a empatizar con el proceso de sanación y superación de Audrey, pues al inicio los planos suceden con una mayor lentitud mostrando un mayor tedio o la nula sensación temporal de los malos momentos, mientras que al final se acelera levemente el ritmo, mostrando un proceso de superación aún en curso pero que continúa avanzando. Los planos relacionados con el montaje de la película, que podemos observar a partir de la segunda mitad del film, dan sentido propio a la película, pues ésta existe gracias al proceso de superación, y el proceso de superación emocional avanza y adquiere sentido gracias a la realización de la película, culminando así una narrativa cargada de sentimientos, propósitos vitales y apreciación a los pequeños detalles que, en su conjunto, dotan de sentido a nuestros mayores propósitos. Julia Reyeros Hurtado