Fernando Bernal

Tras Luna, 66 preguntas (2021), la cineasta griega modula su estilo desde la sequedad del drama de su ópera prima para llevarlo a una frontera indefinida entre lo real y lo cósmico, en donde la espiritualidad difumina constantemente la presencia desafiante de lo corpóreo. De este modo, su narrativa se aferra a un punto donde los sueños –o los momentos de ensoñación de su protagonista, que pueden ser más reales que lo vivido– arrastran al espectador a un territorio casi experimental, pero sin dejar de lado su posicionamiento aferrado a los sentimientos y emociones de su personaje central. Para darle forma, la directora toma como punto de partida un suceso producido en Grecia en 2008, y que terminó de manera trágica. De este modo reconstruye un día completo de una adolescente, Jo (Evita Andriopoulou), de quince años que vive con su madre en un barrio periférico de Atenas, sin tener contacto con su padre, ausente desde hace tiempo de su vida.

El film presenta a la protagonista a través de un prolongado plano cenital, para que pronto la cámara se coloque a nivel del suelo y de este modo se funda literalmente con la joven, para, posteriormente, entrar dentro de su mundo interior, poblado por imágenes inquietantes que van surcando toda la película con desenfoques, transiciones o encabalgamientos sonoros y visuales. Cuando conoce a Phaedra en su escuela, y la escucha cantar de forma hipnótica una canción anacrónica para una chica de su edad, siente con su nueva amiga una conexión que la lleva a tomar una serie de decisiones. Gestos mínimos, con una ligereza solo aparente, que incluyen escribir un poema a su madre o fijarse en su propia respiración, para tomar conciencia de su existencia. Lo que parece un coming of age clásico, con una amistad incipiente repleta de complejidad, torna por voluntad de la directora en un tercer acto espectral, que despega el film de lo cotidiano para proponer una solución narrativa inesperada, con un impacto sentimental que Jaqueline Lentzou mantiene con pulso a lo largo de toda la película, entre lo efímero de la felicidad y la persistencia del dolor y la angustia adolescente.