Carlos Losilla

¿Por qué a veces nos empeñamos en que las cosas sean como queremos que sean? ¿Afecta eso al cine? ¿Nos gustan las películas que queremos que nos gusten? ¿Y somos capaces de justificar cualquier cosa para que eso suceda? No sabía nada de un joven cineasta japonés llamado Danzuka Yuiga hasta que he visto Brand New Landscape, su ópera prima, en la selección de este año del Zabaltegi donostiarra, por lo que no podía sentir ninguna predilección por su cine, ni desear que su película me gustara. Una vez vista, puedo decir que se trata de un debut hermoso, de los más bellos de los últimos años, que por si fuera poco me ha traído a la mente las preguntas con las que he empezado esta reseña. Y ello quizá sea porque eso es lo que Yuiga se dedica a poner en escena en su film. Una familia, los padres y sus dos hijos, una adolescente y un niño, que comen juntos en el fast food de un centro comercial de Tokyo antes de empezar unas breves vacaciones que serán las últimas en que coincidan todos. Luego, una casa de campo y algo que sucede. Pasan más de diez años y la película buscará por todos los medios repetir esa escena, conmemorarla en el mismo lugar, aunque para ello tenga que recurrir a un fantasma, al fantastique. Las cosas tienen que ser como fueron una vez más. Pero, por supuesto, eso es imposible. No hay repeticiones perfectas, pues esa reproducción de un cierto pasado es algo que ni siquiera el cine se puede permitir.

Les decía al hablar de la primera sesión de cortos de Zabaltegi que la ausencia, aquello que falta y deja un lugar vacío, es una figura retórica fundamental del cine de ahora. Y lo identificaba con una posible ausencia del cine mismo. ¿Nos falta el cine? Brand New Landscape demuestra que no, que el cine sigue ahí: la parte final de esta película, en ese sentido, es emocionante, pletórica. Ahí está el fantasma, la ausencia –una silla vacía, una lámpara que cae del techo–, pero también su llenado, el convencimiento de que nada puede quedar así –la comparecencia de un cuerpo, el mismo cuerpo–. Durante toda la película, Yuiga ha desplegado una escritura minuciosa, sinuosa, que parece fugarse constantemente pero a la vez siempre vuelve al lugar que quiere describir y que no es otro que la ciudad, en este caso Tokio. Creo que no había visto algo así desde hacía tiempo, algo comparable al modo en que Tsai Ming-liang filmaba Taipei en algunos de sus primeros filmes, pero de una manera distinta. Yuiga pasea la cámara, pero puede cortar ese paseo para filmar un plano desde otro lugar, a veces en el extremo opuesto. Luego, un personaje ocupará ese lugar, por lo que sabemos que le estaba destinado. ¿Y qué lugar asigna a quienes miramos desde fuera? El del goce a través de la emoción. Brand New Landscape es un film sobre una ciudad que nunca envejece, que siempre se renueva, y también sobre la juventud, sobre el futuro, sobre la energía que eso desprende. A pesar de todo.